Ya pasó. Fue un buen juego. Se transformó
en una tarde de mucho cariño, tanto que se sentía en el ambiente, lo mismo que
las dos veces anteriores. Esta vez lo disfruté más porque estoy más vieja y
puedo percibir más cosas o vivo más lento.
Antes de las seis de la tarde
Loreto ya estaba en la cafetería D’Astutti y mi familia y yo no habíamos salido
aún. A las seis en punto estábamos allí. Al poco rato empezaron a llegar los
convocados y nosotras preparando la mesa en que estaríamos la presentadora del juego,
Loreto Guzmán, la lectora de un cuento, Pilar Caro, y las presentadoras del
libro Carmen Parraguez y Liselott Sepúlveda. Todas son amigas de la vida, de
distintos momentos de lo que ya es un largo trayecto. Todas aceptaron de
inmediato la invitación a un rol particular en esa tarde.
Esa cafetería es el lugar donde gran
parte del grupo de baile pasamos a conversar y compartir un café después de
bailar entre las 8.30 y las 9.30 am. Entre tantas melodías y conversaciones compartidas
es un grupo sólido y muy apoyador de cada una de sus integrantes. Ahí cumplí mi
sueño de bailar Flashdance y Beat it de Michael Jackson (sic). Llegaron en masa
y el apoyo no fue solo, como si fuera poco, la presencia y el cariño, sino también cuestiones muy prácticas como micrófono y sonido. Los aparatos que llevé se descargaron en minutos y no los pude utilizar.
Carmen estaba pasando por un estrés
familiar importante y no estaba segura de ir, ante la emergencia le pedí a Fernando
Delaire, el autor del prólogo y revisor del libro, quien también estaba disponible
para reemplazarla, lo que habla de su invaluable buena disposición. Afortunadamente,
Carmen llegó.
La cafetería se llenó con cuarenta
o cincuenta personas, todas, o casi, amigos de toda la vida: del colegio ISC, ex
compañeros de trabajo de Puente Alto, de San Joaquín, de la Universidad de
Chile, las bailarinas de distintos grupos y por supuesto mi familia, nuclear y
extensa. Mi hija y dos de sus mejores amigas estaban encargadas de la
bienvenida y venta de los libros.
Loreto Guzmán partió el juego a las
19.00 en punto, muy pro Loreto, se veía cómoda y como si estuviera acostumbrada
a dirigir eventos, se pasó. Enseguida Pilar Caro comenzó la lectura del cuento Mi
intención era otra, la audiencia escuchaba con total atención y eso que el
cuento no es tan breve. Pilar, educadora diferencial, acostumbra a leer cuentos
para niños y temía que la lectura resultara infantilizada y ¡para nada!, muy
bien también. Luego correspondió el turno de Carmen como presentadora del libro.
Su análisis se basó en el cuento leído para todos y en La mala noticia, No pude
evitar sentir una profunda sorpresa por cómo se cuela una en las historias, Carmen
hizo una verdadera tomografía de esos cuentos develando lo que hay bajo un
texto en apariencia inocuo o inofensivo. Luego siguió Liselott que hizo el análisis
desde la perspectiva de una lectora inmersiva, es decir, desde quien
experimenta emociones cuando lee poniendo algunos ejemplos del cuento El sueño
del Pibe y de Hallarse. Las dos me parecieron brillantes y ambos textos, que
cuando los tenga los compartiré por aquí, fueron una bella sorpresa para mí.
Finalizadas esas presentaciones,
vinieron las preguntas de los asistentes. Teníamos un par preparadas con Loreto
por si nadie se atrevía a hablar, pero a poco andar no fue necesario recurrir a
las ´por si acaso´ y varios asistentes preguntaron lo que quisieron. También me
sorprendieron porque fueron muy atingentes a los cuentos y al proceso de
escritura.
Estuvo bonito, entretenido y los
análisis de una profundidad que pocas veces se alcanza en la vida. No deja de
sorprenderme la generosidad y el amor de la gente con la que he mantenido
contacto en la vida. Debo tener un fusible malo en el cableado neuronal como
dice Rosa Montero en su libro El peligro de estar cuerda.
Varias personas me llevaron flores bellísimas: Rosita, Mariluz, Eduardo y el enorme grupo de bailarinas. Y también chocolates de Loreto y mazapanes de Lorena, mi amiga desde primero básico. ¡Mi casa está llena de color por estos días!
Y, por si fuera poco, Liselott me regaló el libro El ángel literario de Eduardo Halcón en donde aparece la frase "Sin pedir permiso ni perdón el ángel literario se asoma, nos eleva efímeramente hacia algunos paraísos y nos arrastra hacia nuestros propios infiernos, y eso es todo, y a la mierda". Más ad hoc imposible.
De nuevo agradezco el cariño a
quienes colaboraron en todo el proceso: a Claudia Martínez, por sus comentarios
de contenido, a Fernando Delaire por su revisión y prólogo, a Renelda Lepe por
su labor de diseño y diagramación, y a todos los que asistieron y me acompañan con
su presencia e inspiración para jugar con las palabras, libros y
conversaciones.








❤️
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