martes, 7 de abril de 2026

N1

 


Yo tenía un par de amigos en las redes. N1, que pasaba conectado la mayor parte del tiempo, al menos las veces en que me metía ahí aparecía el circulito verde marcando su presencia. En realidad, nunca nos vimos en persona, ni siquiera por video llamada. No me gusta hacer video llamadas. No es que me importe tanto mi apariencia ni esté buscando parecer lo que no soy, más bien no entiendo la utilidad de hacerse una idea de otra persona según como luce. Deben ser tonterías de las plataformas de ahora, pero podría apostar a que uno conoce más la esencia de alguien si nunca lo ha visto. Ya sé, sonó a soberbia. Puede ser, pero puedo apostar a que yo sabía más de mi amigo que muchas personas que él frecuentaba a diario. Me gustaba decir algo sabiendo que se iba a reír o iba a generar alguna reacción en su mente, por lo general era el único que ponía alguna reacción. A lo que fuera: una canción, una noticia, la cita de algún libro, incluso si sólo ponía un emoji.

El otro amigo, N2, era de otra red, a ese lo conocí menos porque era más popular, por lo general sus posteos tenían muchas respuestas y reacciones y casi me sentí extrañado cuando respondió a algo que yo escribí. Parece que me salió ingeniosa una frase y comenzó un diálogo entre varios que resultó divertido. Ahora que lo pienso N2 no era tan amigo, más bien me gustaba leer sus opiniones porque se atrevía a decir lo que yo me reservaba por temor a la agresión. Una vez puse un comentario que no pensé que iba a provocar tanta rabia en otra persona, supongo que era alguien humano, y después de tratarme de subnormal entre otras cosas, me bloqueó sin que pudiera responder. Otro me agregó a una lista de gente execrable, tampoco supe la razón y entonces el único agrado de esa red para mí era leer a alguien que opinaba parecido a mí, pero que no recibía tanta mala onda por explicitarlo. Fue adelantando que se iría y yo no era nadie para detenerlo. No sé bien por qué lo extraño, tampoco tengo argumentos para seguir entrando a esa red que se convirtió en un símbolo del estado de la civilización, una sarta incoherente de imágenes, noticias absurdas, videos que generan ira y una que otra información valiosa que entre tanta estupidez es casi imposible de distinguir. Cada vez entro menos y todavía extraño a N2, a veces creo que se abrió otra cuenta y adoptó otro personaje, hay cuentas, no me atrevo a decir personas, que hacen eso por diversas razones. A veces para ser más salvajes, otras para sacar su lado suavezón y provocar otra clase de respuestas, en fin, ese mundo es demasiado raro.

N1 era un amigo más tradicional, pero yo me lo imaginaba muy solo, muy pegado a su teléfono o al computador ¿en qué trabajaría? Nunca le pregunté. A veces me lo imaginaba postrado por alguna enfermedad de la que no quería hablar o empleado en una oficina en la que no había demasiado que hacer y entonces le sobraba el tiempo para estar en redes. Algo parecido a mi trabajo porque yo podría ser él para otros. Alguien con tiempo de sobra. No sé si el tiempo puede sobrar o lo que pasa es que no se sabe qué hacer con él. Sobra el tiempo cuando uno está atrapado en circunstancias que no permiten más alternativas que estar sentado esperando que llegue un cliente, un correo o una tarea por hacer. Esas esperas son el tiempo que sobra. Mi amigo N1 me animaba a escribir tonterías, sabía que alguien las vería, alguien humano. A veces yo también le respondía o comentaba sus posteos porque, como fuera, se trataba de una relación y como tal requería de mutua retroalimentación. Eso era lo que faltó con N2, yo me dediqué a observar y no comentaba o reaccionaba a sus textos porque era tan popular que ni cuenta debía darse si alguien como yo existía en esa red.

N1 era más tradicional.

Yo también. Llegaba del trabajo o de ese lugar de esperas largas y había alguien en mi casa con quien hablar y comentar, por lo general mis padres y mi hermana que, a la hora que mi papá llegaba de su trabajo, y por lo que decía, era un trabajo en serio, bajaba de sus clases on line, o de sus juegos, vaya a sabe uno. Mi mamá llegaba a diferentes horas porque su trabajo era independiente, hace curaciones o pone inyecciones a domicilio. Ese también es un trabajo real. En fin, que uno llega a la casa y todos hacemos alguna tarea para comer juntos. A veces eran días silenciosos y otros en que habían pasado muchas cosas. Una vez comenté a un compañero de la pega que eso era lo habitual en mi casa y me quedó mirando como a un bicho raro, me dijo que muy poca gente hace eso. Él al menos se iba directo a su pieza, con suerte saludaba si había alguien, si tenía hambre sacaba un pan y se iba a jugar on line. Nunca fui bueno para los juegos, debo ser medio huevón, o entero, como dice mi hermana. Y como soy malo no me gustan igual que el colegio. Casi nada me gustaba, ahora que lo pienso, tampoco ahora sé qué me gusta. Sí, disfruto algunas películas, música y me gusta ver el fútbol por la TV, aunque solo me gusta si veo los partidos con mi papá porque él sí que se apasiona y es divertido escuchar sus comentarios chaqueteros. Se ríe a carcajadas cuando un jugador se pifia y a mí me da risa él.

¿Cómo sería la vida de N1?

A mí me daba curiosidad, pero nunca le pregunté. Una vez me gustó una chica en una red, linda ella o se sacaba buenas fotos que es algo distinto. Empecé a ponerle me gusta a todas sus publicaciones, un día, para mi sorpresa, me mandó un mensaje, quería saber quién era yo, me inventé un nombre y le respondí.

− ¡Ah, no! te llamas igual que mi ex.

Me bloqueó y es lo más cerca que estuve de conocer una chica por las redes. ¿Qué hubiera pasado si se me hubiera ocurrido otro nombre? A veces me quedo pensando en eso.

Apuesto a que N2 tiene una vida armada y buena, por eso no está en las redes.

 

No puedo creerlo, N1 se suicidó, su madre escribió en su nombre que había muerto, no explicó nada, pero por los comentarios de otras personas, se deducía que se trataba de eso.

No lo conocí, sin embargo, la noticia me golpeó, me dio una tristeza tan grande y no sé por qué, si N1 era para mí una seguidilla de palabras escritas, algunos emojis y nada más. Me siento culpable por no haberme dado cuenta de que me importaba y que nunca se lo dije. Entonces era cierto que estaba solo o que eso creía él.

Al correr de los días, han aparecido en su cuenta innumerables saludos y expresiones de tristeza real. Mucha gente, demasiada gente que, como yo, lo apreciaba y nunca se lo dijo. Se parece a una colección de soledades si es que algo así puede existir. 


miércoles, 1 de abril de 2026

La Confusión de los sentimientos, novela de Stefan Zweig



Tengo una amiga con la que comentamos libros, no siempre estamos de acuerdo en las opiniones lo que enriquece la conversación sin duda. Hemos coincidido en el gusto por Stoner de John Williams, Gente Normal de Sally Rooney, La Intemporalidad perdida de Anaïs Nin; ella me recomendó a Sandor Marai y a Milán Kundera y me encantaron. Yo le recomendé a Murakami y al principio a ella no le gustó y más tarde sí. No coincidimos con Elena Ferrante que a mí me encantó y a ella la aburrió. Me presentó a Mishima y si bien me fascinó su biografía no he pasado de leer algunos de sus relatos más cortos. Ayer en la mañana le conté de Sumisa de Dostoievsky, de la Muerte en Venecia de Thomas Mann, el recuerdo de De profundis de Oscar Wilde y también de mi dificultad para leer algunas cosas de Stefan Zweig. Ella se acordaba de un libro de ese autor que leyó en su adolescencia temprana, La Confusión de sentimientos, y yo le conté de Servidumbre Humana que leí demasiado pronto también. Es impresionante como algunos libros pueden marcar la vida, pero ese es tema para otra reflexión.

Como he tenido menos trabajo y ayer fue un día con muchas horas libres, pude escuchar completa la novela La confusión de los sentimientos y quedé impresionada. Pido mis sentidas disculpas al espíritu de Stefan Zweig si anduviera por alguna dimensión en que le importara lo que opine o no una lega. Debe ser el libro con la mejor declaración de amor que haya leído/ escuchado hasta ahora, que maravilla de texto, conmovedor y transparente. De nuevo me quedo sin palabras. Me dieron ganas de tener en papel las últimas páginas, no es lo mismo oír que leer. En el libro, las palabras escritas se atesoran, los sonidos tienen otra sede, otra memoria. La palabra escrita e impresa se puede tocar y hacerla propia.

En la adolescencia más tardía, a los 16 o 17 años, en esa época en que transmitían teleseries brasileñas después del almuerzo, vi una escena en la que Lauro Corona declaraba su amor inconfesado a Malu Mader, no recuerdo las palabras, solo la emoción que sentí al escucharlo. He buscado en YouTube esa escena sin éxito. A lo mejor no era tan impresionante como para que alguien la hubiera guardado. Me vino a la memoria por lo que sentí al escuchar la última parte de La confusión de sentimientos. Los canales de la memoria son muy particulares, las carpetas se abren por similitud o antonimia o por una melodía o un aroma o un conjunto de palabras que crean un mundo, otro mundo.


La mala noticia

  Foto de Cottonbro studio pexels.com No era que lo hubiera ensayado, pero en un tiempo resbaloso, a veces pegajoso y otras vertiginoso, oso...