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martes, 9 de diciembre de 2025

Potpourri

 

Foto de Rumeysa Sürücüoğlu: https://www.pexels.com/es-es/foto/34241272/


Está decidido y como lo he ido diciendo, incluso ahora, aquí, menos posibilidades tengo de no cumplir un objetivo que de importante no tiene nada. He estado seleccionando cuentos para un tercer libro y ha resultado más difícil de lo que pensé. Es un potpourri de relatos difíciles de clasificar o de elegir por algún criterio. Ya deseché la categoría de buenos relatos porque no sé si son lo suficientemente buenos, pero no voy a latear con la inseguridad de nuevo.

Alguien con mucha paciencia ha estado leyendo todo el blog, todo, todito y me han aparecido en la memoria algunos textos que hasta yo había olvidado. Creo que eso no merece comentario porque explica por sí mismo la dificultad para escoger los que se imprimirán o no en un objeto que se supone los hará más perdurables. En todo caso, va mi reconocimiento a la paciencia de ese/a lector/a que ha recorrido, en un orden extraño para mí, los textos que he ido poniendo en el blog. Tal vez se trate de un máquina, también lo he pensado, pero cómo tanto ¿no?

Intenté hacer una clasificación: cuentos de pandemia, del trabajo, de amor – desamor, de familias, de rollos mentales o como suena mejor: cuentos psicológicos, pero no me resultó. Así es que será una ensalada de cosas, igual que los anteriores.

Todavía no termino de seleccionar, pero la vida no coopera mucho tampoco. Espero lograrlo esta semana y pasar a contactar a alguna editora de textos para que al menos salga sin errores de puntuación o de gramática.


jueves, 6 de noviembre de 2025

60

 


Foto de Magda Ehlers: https://www.pexels.com/es-es/foto/60-numero-1339871/

En varios saludos de cumpleaños, cariñosos y llenos de fe, apareció la sugerencia de escribir una novela. Lamento decepcionarlos, pero no se me ocurre una trama que pueda alargar por más que algunas páginas. Creo que algunos cuentos daban para eso, pero hay algo que me apura, algo imaginario e irreal por supuesto, tal como la idea de que me iba a morir a los treinta igual que mi madre. Mitos familiares diría en un lenguaje algo más técnico. Eso imaginario no se ha calmado hasta hoy y no veo la razón para luchar contra esa prisa.

Estoy seleccionando cuentos para un tercer libro. Esa tarea requiere un estado de ánimo particular porque si estoy en un día lleno de voces internas ninguneadoras, los encuentro todos malos. No me pasa que tenga días de autoindulgencia tal que los encuentre todos buenos, pero sí hay días más amables en donde logro tomar más distancia y rescato algunos. He ido despidiéndome de algunas historias poniéndolas por ahí, no sin culpa ecológica porque la nube de archivos inútiles hacen que se gaste más agua para enfriar los enormes servidores en que se alojan ¡aaaagh! Pero el papel es peor ¿o no?

Se supone que los libros de cuento debieran tener una unidad temática y eso tampoco voy a lograrlo. Las historias son una especie de ensalada con distintos colores y sabores, además es difícil tomar tanta distancia como para abstraer las ideas generales, temas comunes o ideas subyacentes de una misma. O será por escamoteo no más. Eso será para quienes se toman en serio eso de ser escritor/a.

A propósito, hace poco, buscando un libro para regalar, me puse a leer las contratapas de novelas contemporáneas, porque una es arriesgada y elige sin recomendaciones de las que abundan en las redes sociales. Lo que encontré es que también las novelas son leídas como si tuvieran un propósito de autoayuda o de desarrollo personal. Una lata encuentro. Dicen que, en tiempo convulsos, como si hubiera habido otra clase de tiempo en la historia, se buscan certezas allá afuera: en un libro, una persona, un gurú y ¡horror! En lo que es peor en un movimiento político o un caudillo. Que lástima que, por más años que pasan, los ciclos se sucedan sin muchas variaciones a pesar del avance científico y el desarrollo tecnológico.

Cada vez que he puesto en palabras, dichas o no, escritas o no, que voy a hacer esto o aquello, resulta no ser así. Por ejemplo: ¡nica saco otro libro! Y ahí voy de nuevo. Lo mismo con eso de ser saludable, ordenada y tanta cosa más. Y ¿para qué? como si todo debiera tener un propósito o moraleja. Será porque sí, como dicen los niños.


jueves, 12 de junio de 2025

Buenas señales

 


Hace algunos días estaba invadida por una sensación de esperanza o algo parecido a la ilusión por una serie de encuentros con diversos tipos de personas. Estaba dispuesta a escribir este texto y me agarró una tormenta de granizos como la del último relato, solo que estos granizos llegaron en forma de una gripe inmisericorde. No recordaba la horrible sensación de la fiebre y el desvalimiento psíquico. Nada tan grave como efectista resulta la escena de los escalofríos, los ojos vidriosos y llorosos sin tristeza que justifique el llanto. Hoy, sin fiebre, quiero aferrarme a la ilusión antes de que se desvanezca.

Me dio mucho gusto ver a un montón de adolescentes saltando y coreando las canciones completas del Cuarteto de Nos. Se trata de letras complejas por completo opuestas a las más conocidas del pop. El líder del grupo, Roberto Musso, tiene 63 años y su entusiasmo logra dar con la tecla juvenil de una audiencia en la que abuelos y nietos cantan con la misma energía. El tipo se emociona en escena y en algunas entrevistas revela por qué. A mí me emocionó ver la escena: una banda de sesentones, ninguno con pose de rockstar, seguidos por un público transversal muy identificado con esa forma crítica de aproximarse al ser humano, con todas sus miserias y grandezas creativas.

Paseando por el MUT vi un grupo de mujeres jóvenes y viejas que se juntaban a tejer, parecido a lo que ocurre en un taller de crochet cuya monitora es una ex compañera de colegio que tiene alumnos, hombres y mujeres, escolares; mujeres mayores, sanas y con problemas de salud. Y así como están esos grupos, han surgido un montón de clubes de lectura entre gente que se conoce y otros entre personas desconocidas, presenciales u on line. La Furia del libro cada año suma más visitantes y los más entusiastas son los jóvenes y entre ellos en especial las mujeres jóvenes, confirmando la tendencia mundial de que quienes compramos más libros y leemos más somos las mujeres.

La ilusión está entonces en que las personas que quieren encontrarse con otros humanos tienen instancias para hacerlo o para crearlas, que hay muchas personas que logran vencer el utilitarismo y el mercantilismo para ir al encuentro de los objetivos comunes y el afecto que surge en la convivencia.

Y para terminar con la expresión de un deseo: que la ilusión me pille con un texto escrito antes de la siguiente granizada.


jueves, 22 de mayo de 2025

De otras cosas y Kafka

 



Envié un cuento a un concurso. No lo pensé para no darle tiempo a que aparecieran los pensamientos ridículos de siempre y dejé pasar a los más simpáticos: total, todo sigue igual, con o sin concurso. Eso es lo mejor que se me ocurre. También envié otro a una revista digital, a ver qué pasa.

También me ocurrió que al escribir una historia equis, vinieron a mi mente un sinnúmero de opciones para continuar y debe ser cierto eso de que soy una atolondrada y, para peor, floja, porque podría haberlo hecho y en lugar de trabajar la historia la terminé de forma abrupta, tanto que no se entiende.

Podría retirarla, tiene 17 lecturas o visitas o guarever, así es que tampoco es que alguien vaya a echarla en falta. Todavía puedo hacerlo. Como sea eso de escribir más largo, sin intención de hacerlo, podría ser un desarrollo. No hay para qué tomárselo tan en serio. Esa es la parte difícil, no tomarse tan a pecho las cosas, las historias, la nostalgia, los olvidos, los sueños, las casualidades o sincronías, concepto, este último, más de moda y con más magia.

Y ya que estoy en la sección de miscelánea, me puse a escuchar unas conferencias realizadas en España en homenaje a Kafka[1] [2] entre otras cosas porque fue el autor favorito de mi hermano. El escritor se me apreció como un humano y no como esa caricatura tan de la cultura pop, siempre oprimido y quejumbroso de su vida y utilizado por algunas ideologías para sus propios fines. Se divirtió y aburrió, fue cruel y benévolo, leal y traicionero, feliz y desgraciado, tanto como cualquiera de nuestra especie y por supuesto con un talento tal que cambió la forma de escribir por generaciones. Además, si algo tuvo de especial, además de su capacidad literaria, fue que advirtió ese talento en sí mismo, aunque no siempre fuera reconocido por otros. Por supuesto que recomiendo escuchar esas conferencias y otras más en el camino de vuelta a la casa o de ida al trabajo.

No sé porqué cada cierto tiempo me da por pensar que un día tanta información valiosa va a desaparecer y la sensación va a ser de un apagón de luz sostenido, así es que sigo escuchando para aprender, para conservar algo de lo que me interesa saber.

Como cada vez tengo más requisitos neuróticos para escribir tonterías tranquila, digo un hasta luego cargado de ojalá, como deseo y como canción.


lunes, 5 de mayo de 2025

Columbo y Columbo, los últimos humanos.

 


− ¡Tanto tiempo sin vernos Columbo!

− Sí, ¿alguna explicación?

− No, la vida no más y el temor.

− ¡Uf! Por supuesto, como si no lo conociera, el temor a molestar ¿no es así?

− Y más, usted me conoce, pero no perdamos más el tiempo ¿a qué se debe este café?

− Al otoño, a la celebración del frío y a la sorpresa de que tal vez seamos los últimos humanos.

− Lo noto apocalíptico. ¿se refiere a la guerra comercial?

− No, a algo que comenzó antes que eso. A la muerte paulatina de la conversación.

− ¡Ah! un tema apasionante. También he pensado en eso. Son escasas las conversaciones, pero tal vez los son desde hace mucho, la mayoría de las veces parece que las personas conversan, pero más bien es un intercambio de frases hechas por la buena costumbre, sin muchas ideas. Incluso se evitan tópicos que pudieran llevar a discrepancias como si fuera una especie de amenaza al vínculo.

− Entonces usted, tan pedante como siempre, solo llama conversación a la discusión de ideas inteligentes o algo así. No concuerdo, tal vez yo sea más básico, más torpe, más naïve

− Ja ja ja y usted, tan burlón como siempre, no desaprovecha ninguna oportunidad para desacreditarme ¿no?

− No es muy difícil la verdad. Fuera de bromas, una expresión muy cliché, por supuesto, me refiero a verse las caras, a hablar, inclusive a balbucear, lo que sea con otra persona, aunque se trate de temas absurdos. Tal vez nosotros seamos los últimos que podemos decir algo sin recurrir a la IA.

− ¿Cómo? No estoy familiarizado con eso.

− ¡Se me olvida lo viejo que es usted!

− Agradezca que recién nos trajeron el café, si se va a poner desagradable, mejor me voy. Y por si no se acuerda, tenemos la misma edad.

− ¡Ay! Tanto y tan rápido que se ofende. Disculpe Mr. forever young, no sé qué me pasa hoy que no puedo ponerme serio en este encuentro. ¿sabía usted que ahora cuando chatea no puede saber si es una persona la que le contesta o la IA es la que responde?

− ¿En los trámites? Como las páginas de los bancos, pedidos de gas y esas cosas supongo.

− ¡No pues! En un chat con amigos, una persona natural o varias. Si la respuesta es muy ordenada, lógica y sin faltas de ortografía hay que desconfiar, puede tratarse de una aplicación que su interlocutor usó para darle una respuesta adecuada según varios criterios.

− ¡No me diga! ¿usted ha usado esa aplicación para chatear conmigo? En general su escritura es correcta y adecuada.

− Jamás la he usado, menos con usted, es una deformación profesional eso de poner puntos, comas y, por lo demás, hace mucho que no chateamos y me parece bien. De otro modo estos encuentros no tendrían sentido ¿no le parece?

− Por supuesto, en eso estamos de acuerdo, aunque como usted es yo y yo usted, ambos sabemos que de no ser por el chat estaríamos muy aislados.

− Cierto, ninguno se destaca por las habilidades de conexión. Usted detesta hablar por teléfono y a mí me es difícil empezar, pero bueno aquí estamos. Así es que tal vez sí seamos los últimos humanos con recursos de la especie, aunque ya posiblemente contaminados con micro plásticos y las correcciones del autotexto.

− Sí, humanos puros, puros tal vez ya no seamos.

− Al menos conservamos algunas cualidades de lo humano, aquello de la autoconciencia y de la narrativa personal.

− ¿Ha estado leyendo algo que trate sobre eso en el último tiempo?

− Sí, pero no recuerdo dónde, tal vez lo escuché, en fin, es un tema antiguo, los humanos nos caracterizamos por contarnos historias acerca de todo, intentamos explicarnos las cosas en una sucesión de eventos que tal vez incluso no ocurrieron o no en el orden recordado.

− ¡Ah! Claro y a usted le obsesiona eso de los archivos mentales y las emociones que los traen a la conciencia teñidos de diferentes colores.

− Y a usted le atrae la idea de que las explicaciones acerca del comportamiento de uno mismo y de los otros no son más que acomodos según las teorías de la mente que impere en ese momento para los interlocutores o en ese estado de doble conciencia que establece el diálogo interno.

− Como esta conversación ¿no?

− y como cualquier conversación. ¿No son los otros lo que uno cree de ellos?

− o podría ser que uno crea a los demás, uno les atribuye características, motivaciones, deseos, temores.

− No sé, es una exageración me parece. Uno hace cosas, los demás también.

− Sí, pero las interpretaciones son de quien las hace. Claro, tampoco es que estemos en una alucinación constante…¿o sí?

− Oiga, pero entonces, el concepto de uno mismo también es un invento, otro cuento más o narrativa para que suene más sofisticado ja ja ja.

− Se nos acabó el café con leche ¿quiere unos panqueques para seguir conversando?

− Por supuesto, en eso no hay dos versiones del mismo yo. Y otro café con leche.


viernes, 25 de abril de 2025

Don Mario

 


Casi todo el año pasado y lo que va de este me lo he pasado escuchando biografías, conferencias, audiolibros y otras curiosidades mientras hago otras cosas: conducir, jardinear, cocinar, ordenar y el sinfín de tareas domésticas repetitivas, invisibles e infinitas. Extraño la música, es cierto y cada vez que quiero escuchar algo me aparecen enseguida más videos y podcasts porque yo misma he ido alimentando el algoritmo de mis preferencias o laberintos de palabras diría un admirador de Borges.

Las biografías son, por lejos, una debilidad o una preferencia marcada en mis ´me gusta´ que toman la forma de corazoncitos rojos y pulgares para arriba en las plataformas digitales. A veces no tengo la posibilidad de detener la reproducción automática y así conocí a Don Mario, me refiero a Vargas Llosa por supuesto. Di con una conferencia que dio [1] en la universidad Diego Portales, sin buscarla. Esa fue la primera vez que lo escuché. Más allá del contenido, al que en esa ocasión no presté demasiada atención, me impactó su forma de hablar, esa voz firme y coherente con la claridad de sus ideas. Sin titubeos, muletillas ni rodeos innecesarios, como si hubiera tenido un archivo mental escrito y ensayado en modo de autoejecutable, pero dicho con entusiasmo y convicción. Me pareció un hombre viejo con una inteligencia muy superior y, sin embargo, sin intenciones de agraviar a otros con esa superioridad intelectual. Al revés, tenía la particular habilidad de hacer parecer fáciles algunos conceptos en los que otros pueden darse muchas vueltas y volteretas acrobáticas para deleitarse en su propia habilidad de volverse ininteligibles.

Desde ahí empecé a buscar entrevistas, foros y otros en los que participó y de los que quedaron registros. Escuché su biografía según diversos oradores, tarea esencial si se quiere una visión más amplia y caleidoscópica de alguien por eso de los sesgos, los inevitables sesgos. Escuché sus opiniones respecto de diversos temas y las reacciones de sus contemporáneos. Me metí, de puro copuchenta, a conocer más detalles de su singular vida amorosa y los juicios que enfrentó en cada circunstancia. A partir de esos pelambres me puse a leer La Tía Julia y El Escribidor y me resultó difícil porque me interesaba la historia con la tía y las otras interminables anécdotas me distrajeron. Todavía no lo termino. (lectora pecadora que deja libros a medias). Seguí escuchando entrevistas, conferencias y anécdotas de la vida del escritor. Porque cuando a una le da, ¡le da!

Escuché encantada la historia de Víctor Hugo, salpicada con detalles sobre Flaubert[2]. Es hipnotizante, divertida y al mismo tiempo muy técnica esa conferencia. Es para repetírsela como una buena melodía.

Y se murió.

Los videos, opiniones y juicios de multiplicaron y siguen reproduciéndose como el COVID en sus mejores tiempos. Los juicios negativos por su historial amoroso y opiniones políticas están a la par de los elogios por su talento como escritor y orador.

Un señor con una vida llena de historias y anécdotas que solo parecen ocurrir en el transcurso del tiempo de quienes pueden contarlas. Un humano tan contradictorio como no se puede más, alguien capaz de escribir La Sociedad del Espectáculo y luego emparejarse con la reina de la farándula para después volver a la casa de su ex y su familia. Un señor capaz de enfrentar toda clase de preguntas, algunas francamente agresivas, y responder con claridad por su valiente defensa de la moderación y la libertad en una ya larga época en que lo más fácil es rendirse a los extremos y lisonjear a la cultura mainstream.[3]

No me he pasado solo escuchando a Mario Vargas Llosa, también, buscando cómo hacer un paseo a Lonquimay, me encontré con la historia de la masacre de Ranquil (1934) y también me dio, escuché muchas versiones de lo mismo y todavía me faltan más. Me puse a imaginar cómo ese horrible conflicto afectó y sigue afectando a personas que eran vecinas y luego enemigas. El silencio se instaló por años entre ellos y me parece entender por qué. Vargas Llosa hubiera escrito una gran novela sobre esa historia terrible.

 

 

 



[1]  De la utopía a la libertad, UDP https://youtu.be/G6Zgq6voolo?si=IIl60mZF4jMtbwMG

[2] MVLL Mis pasiones literarias https://youtu.be/SLYic6Z1bPY?si=0x3Cai8J_eVXQoEM

[3] MVLL, sobre Gabriel García Márquez https://youtu.be/BcDlwT7Clyw?si=6wRaaNNj1rD8iqRK


viernes, 11 de abril de 2025

Mariposa inefable o sobre escribir

 


Foto de Walter Smeijers: https://www.pexels.com/es-es/foto/verano-hojas-mariposa-flora-19535583/

Ayer salió por ahí, en alguna de
las plataformas de imágenes y videos que frecuento, una cita de Paul Auster, como
es habitual no la recuerdo con exactitud. Se refería al hábito de escribir y la
imposibilidad de dejarlo porque es al mismo tiempo doloroso y necesario. Busqué otra cosa recién y, obvio,
me salió el mismo Paul Auster diciendo que escribir era un trabajo arduo que
consistía en hacer aparecer como fácil algo muy difícil como que un párrafo
diga lo que quiere decir, con el ritmo y la energía que él quería expresar. Eso es tomarse en serio eso de
escribir. Justo ayer también una querida
amiga, una de las responsables en que decidiera atreverme a publicar algunos de
mis cuentos, me envió un audio al que también se sumaba su marido, elogiando el
Café Literario y otros cuentos y diciendo que debería dedicarme a escribir. He pensado harto y lo cierto es que
me lo paso escribiendo, todo el día, todo el tiempo en que estoy en vigilia,
solo que no puedo traspasarlo a un archivo. Tengo tantos filtros ahora que nada
me parece digno de ser contado o demasiado personal o inapropiado o sin sentido.
Las últimas historias que subí son, en mi opinión, tan intrascendentes que podría
eliminarlas y no me acordaría de ellas, de hecho, casi no me acuerdo. Puedo
juntar palabras y hacer frases más o menos entendibles, pero no se conectan con
nada o casi nada. Hasta esto es difícil de escribir. Conozco historias interesantes de
otras personas, pero no es cierto que se pueda vampirizar la vida de otros, al
menos yo no puedo. Me encontré una mariposa blanca el
otro día, o ella se encontró conmigo y me puse a inventar una historia sobre la
percepción, pero quería escribir sobre extrañar y entonces no pude seguir.
Falta de disciplina, perseverancia o de sentido puede ser. Tal vez escribir requiera de un
plan interno, una especie de convicción o coherencia interna que es difícil de
encontrar o aceptar. O un para qué que no esté ligado a lo útil, que no sea
instrumental a un objetivo. Lo intentaré de nuevo. Debajo del
búnker de filtros, debe haber algo todavía que quizás quiera ser expresado,

(no sé por qué salió así el formato del texto)

viernes, 6 de diciembre de 2024

La reina y la colmena

 

Foto de Engin Akyurt: https://www.pexels.com

Hasta la abeja reina está encadenada a la colmena, su poder reside precisamente en quedarse en la colmena. No podía recordar dónde había leído o escuchado o visto esa idea tan ilustrativa y vieja como el lenguaje. Después de leer, de nuevo, libros del siglo XIX es posible ver en una misma la influencia de esas ideas tan antiguas y casi inscritas en el ADN en la lógica de análisis y las conductas concomitantes. A los ojos de una niña, lo escrito en libros es la verdad revelada. Así debían ser las cosas, el orden social, el concepto de belleza, la ética y la definición de felicidad, muchas veces tan elusiva para los personajes femeninos románticos y exigidos en una rigurosa ética religiosa y social. Recordaba esos veranos de vacaciones eternas metida en lecturas extrañas: La Historia Sagrada con la descripción del paganismo, sacrificios humanos y la idea de dioses egoístas e insaciables. Leía y releía con terror esos cuentos de sacrificios de niños metidos dentro de un gigante de madera que una vez relleno, cual peluche, eran quemados para evitar o aplacar la ira de dios. A ese dios había que adorar y por ningún motivo cuestionar. Estaba por ahí también la Historia de América Precolombina: más sacrificios de niños y jóvenes para obtener una buena cosecha o para que lloviera o dejara de llover o para agradecer. Sacrificios multipropósito para dioses malvados o al menos incomprensibles. Para colmo había también algunos libros escolares viejos con historia de algunos emperadores romanos. Cómo olvidar a Tiberio que lanzaba niños hacia un acantilado luego de abusar de ellos. Igual que Charles Chaplin con las niñas de trece y catorce años que le llevaban sus madres para que, en privado, probara su talento y así, si pasaban la prueba, convertirlas en estrellas de cine. Eso era un sacrificio menor por supuesto. Y claro también estaban los libros románticos de las hermanas Brontë: Jane Eyre y Cumbres Borrascosas. Jane Eyre correctísima, autoexigente, trabajadora, inteligente, poco agraciada, independiente, racional y Catalina Earnshaw, bella, rebelde, contradictoria, impulsiva, utilitaria y adaptada; enamorada de un tipo misterioso, desconsiderado hasta la crueldad, galán malvado y depresivo. Y las enciclopedias con fotos de paisajes que parecían de otro planeta: los campos de arroz en China, el desierto del Sahara, la sabana africana y los animales salvajes. Y las pirámides egipcias por supuesto, infaltable destino de la imaginación de niños de todas partes.

Palabras, paisajes y moldes sociales, a veces parecidos y otras demasiado contrastantes con la vida cotidiana propia y de los más cercanos. Es un buen ejercicio leer de nuevo textos que tuvieron una impronta tan marcada en la identidad personal. Se miran con distancia y benevolencia, igual que como se miran fotos antiguas y el momento que rodeó aquel clic. De cierta forma, así como la música opera como una banda sonora para distintos momentos de la vida, es posible que los textos también moldeen de una forma particular las experiencias y su interpretación. La música y las palabras como espejos de las sensaciones que una cree tan personales y que sin duda son comunes a muchas personas.

Se recuerda la postura al leer un libro, el lugar escogido, las asociaciones generadas, el momento de la vida, en algunos casos, más que la historia misma, los trozos de páginas en que el texto comenzó a formar parte del propio discurso.

Aun así, si bien los textos amplían las visiones de un mundo o de diferentes mundos, una pertenece a una colmena, a un número determinado de posibilidades. ¿Será que se prefieren las palabras que refuerzan la colmena? ¿será que los límites de la colmena obedecen a un discurso interno que hace preferir textos que lo reafirman?

jueves, 12 de septiembre de 2024

Monólogos sucesivos

 

Teníamos conversaciones, más bien eso parecía si alguien tomaba una foto a la distancia; ahora que lo analizo, eran más bien monólogos sucesivos. Ella decía algo y luego yo respondía con otra cosa que en algún punto se relacionaba con sus frases. Cuando estábamos en público ella era más hábil para proponer un tema o reírse de algo o de alguien y yo le seguía la corriente. Coincidíamos en algunos comentarios ácidos sobre una que otra persona, aunque debo reconocer que yo no era tan cruel como ella, pero parecía serlo más. Ironías de la apariencia. Un par de antipáticas, eso éramos, sin embargo, parecíamos buenas personas a la luz de una mirada ingenua y bien intencionada y a lo mejor nuestra actitud era bastante normal dentro de todo, además, en la búsqueda de la buena convivencia, a nadie le gusta mucho disentir y buscar contradicciones evidentes. Tampoco es que la crueldad de los comentarios nos llevara a tener una conducta poco civilizada o reñida con la compleja moral social. Palabras, solo palabras dichas al viento, tal como los versos de una antigua canción.

Ni hablar de las posiciones políticas, yo había ido cambiando hacia una posición escéptica. La plata, el poder, el acceso a lo mejor que ofrece el mercado cambia mucho a las personas. Esa convicción se convirtió en un mantra para mí y mientras más leía y aprendía, más me convencía de lo certero de esa afirmación. Ella seguía ilusionándose con el cambio y los slogans políticamente correctos y a mí, la descreída de todo no me daba ninguna gana de argumentar acerca de la maquinaria económica y marketera bajo esos intentos de bondad política que nos haría bien a todos ¡Bazinga! Diría Sheldon.

Ella me decía que mi postura de desconfiada era muy fácil porque me creía superior y, sin abanderarme por nada, siempre iba a tener razón en algún punto porque todos los movimientos fallan en algo. Esa vez me sorprendió y la empecé a respetar más. Después me venía otra idea en la que no calzábamos y volvía al hábito de no continuar ningún argumento por más de tres o cuatro frases seguidas.

De a poco fui cayendo en cuenta que la mala para conversar era yo. Que la más preocupada por conservar buenas relaciones con personas que no me interesaban era yo, de puro miedosa tal vez, y entonces me guardaba mis opiniones, algunas muy arraigadas en principios intransables y con tantos fundamentos como puede tener alguien a los veintitrés años.

Con esas diferencias y todo, seguimos siendo amigas o algo así. Lo malo es que no apreciamos las mismas cosas, que difícil que es eso. Ella tiene pretensiones artísticas o algo así y yo ando apenas con el tiempo y el rol que me ha tocado y que en algún punto elegí. No tengo tiempo de leer ni de pensar o de fijarme si las flores de manzanilla remojadas en la tizana de después de almuerzo se ven bonitas o no. Creo que además de descreída, me puse práctica y buena para resolver cosas, no me voy a hacer problemas por leseras de contradicciones y otras finezas de la cultura o filosofía. A veces salíamos a pasear y ella se volaba con los paisajes o cualquier cosa sin importancia y yo solo asentía. Me decía que era una insensible, incapaz de detenerme ante la belleza ¡uf! ¿Qué es eso? Imposible llegar a algún consenso.

Demasiadas diferencias. A ella, dentro de tanta pose intelectual, le daba por caer en supersticiones y prácticas medievales puestas de nuevo de moda porque es más fácil creer en la magia que en la vida lógica y el necesario aporreo diario. El choque con lo que se quiere y lo que se puede, incluso la aceptación de que las más de las veces las decisiones se toman por tantos factores juntos que no es posible explicárselas ni a una misma. Una cosa son las películas, novelas y la música apropiada para fantasear y otra es el presupuesto, entre tanta otra variable, para dar vida a lo que se puede.

Nos hicimos el propósito de vernos toda la vida, al menos una vez al mes, casi para ser más o menos testigos de la historia de la otra sin interferir ni juzgar. Eso lo mantuvimos. Mientras mayores nos hacíamos, más comprensivas nos fuimos volviendo, además, los mensajes de texto en cualquier plataforma y las redes sociales nos hacían estar al tanto de la vida de la otra y de quienes se volvieron protagonistas de nuestras biografías. La acidez de los comentarios fue desapareciendo. Nunca, para nuestro pesar, fuimos tan malas como hubiésemos querido.

De un tiempo hasta acá se ha vuelto más difícil monologar por turnos, empezamos por el recorrido de los hijos, la familia extensa, el listado de funerales del mes, los conocidos y encima la autocomplacencia nos ha ido acercando. Ahora extraño sus voladuras, la credulidad y la fe que le tenía al destino y sus sorpresas. Nos ganó la paz, la actitud comprensiva y esa sensación de que la historia se repite sin los aprendizajes concomitantes. Ella dice que se puso más parecida a mí y yo digo que ahora entiendo y a veces me quedo en el mundo de la fantasía del que ella solía hablar. Será quizás que al fin aprendimos a conversar, a escuchar. A eso se llamará ser buenas personas supongo, perdonar y perdonarse todo porque quién es una para juzgar y quién sabe las razones que alguien tuvo para esto y lo otro.

Podemos hablar tranquilas, sin tanta contradicción, sin urgencias ni pasión por casi nada. Claro porque a la distancia solo se puede ser racional o algo así. No sé si alcanza para decir que eso es una conversación, pero sí una sensación de apacibilidad que antes desconocíamos. Hasta nos reímos de los dramas que pensamos nunca se iban a acabar y los que no se terminaron, no los mencionamos. Un pacto de silencio que se estableció como debe ser, sin palabras.

A Heart Made of Yarn, Franz Gordon https://youtu.be/o0DBpau5N3c?si=zQi-db-ymDuvubTO

miércoles, 15 de noviembre de 2023

Padres - Hijos / Hijos - Padres



      Me tiene chata mi mamá, parecía que estaba bien, pero creo que no. O sea, estoy segura de que no. La escucho cuando manda audios a las amigas, porque ahora no ve las letras del celular y dice que le sale más rápido hablar,

      Oye sí, y las viejas andan por toda la casa con el celular a todo chancho, uno se entera, aunque no quiera de todas sus leseras.

      Y yo que creía que los adultos hablaban de sus cosas, las aclaraban, igual que en las películas en donde la gente se dice lo que les pasa.

      ¡pfff!, sí, son más pendejos que nosotros: que me llamó, que no me llamó, que me dejó en visto, que no avisó, que me puso un me gusta y con eso terminó la conversación ¿así es tú mamá?

      Sí, y las amigas también. Igual es divertido ¿has escuchado los consejos que se dan? ¡Me da cringe!

      Y cada vez que se ven, gritan y se dicen que están regias para, cinco minutos después, empezar a quejarse de lo que les cuesta bajar de peso y se dan consejos de cosas que vieron en las redes. Pobres, tan preocupadas de su facha y con tan baja autoestima, esa generación sí que era sufrida.

      Mmm, no sé, ahora pensamos lo mismo, pero nos quedamos callados, el Body positive y toda esa mierda es pa los demás, amiga, ¡te pasai quejando de cómo te ves!

      Ya sí, pero a lo mejor es rollo mío, yo cacho que antes era generalizado. Al menos en las mujeres, porque esa cuestión de valorar a alguien por la apariencia es más pesada para las mujeres.

      No sé, hasta mi papá anda quejándose de que ya no está tan joven y que le duele aquí y allá. La polola lo pateó y se puso más achacoso. No es tan viejo, o sea, no sé, pero esa hueá de andar quejándose por la vida no le va a servir para conseguir polola nueva. Eso le digo, pero me manda a la cresta al tiro. Viejo hueón, yo le digo de buena onda no más y me responde mal – ¿cuántas pololas has tenido tú? – y ahí me caga, porque me va igual o peor que a él con las mujeres.

      Jajajajajajaja, sí, la dura. Yo tampoco cacho qué hacer o qué decirle a mi vieja, dice que ella es el sueño del pibe para cualquier weón, de repente se manda unos discursos de vieja empoderá que cualquiera se los creería, pero luego se ríe a carcajadas y no sé si hablaba en serio o no. A veces creo que se trata de convencer a sí misma de que no hay nadie a su altura y empieza a hacer chistes con que la libertad es lo mejor que le ha pasado en la vida y tanta incoherencia junta que no logro entenderla.

      Oye, estos viejos de mierda nos van a cagar la psiquis, a mí ya me cuesta el tema, como que me da miedo sufrir y estar a los veintiuno todo amargado como ellos, así es que ni pienso en que pueda llegar a acercarme a la chica que me gusta.

      Pucha, sí, cada cierto tiempo mi mamá se da cuenta de que transmite mucho con las desilusiones de la vida, que las encuestas de salud dicen que las mujeres son más felices solas y me empieza a contar la de desgracias que han pasado sus amigas por los pasteles que se han conseguido de maridos o pololos y no sé qué cara pongo yo, que luego cambia el discurso y me dice que no le haga caso, que el amor es lo mejor que le puede pasar a las personas, que cuando el amor es bonito, saca a la superficie lo perfecto de cada persona y que ojalá me atreva y me arriesgue. La última vez que empezó con eso, le pedí a la X por WhatsApp que me llamara porque tenía rabia de tanta tontera junta y tampoco me gusta pelear con ella. Me cansa.

      ¡Aaaaagh! Eso es lo peor, tener que escucharlos para que no se sientan solos. Mi papá, cuando está en la fase misógina, dice que las mujeres solo necesitan a los hombres para reproducirse, arreglar la cueva o su equivalente, la casa, y protegerlas de sus miedos atávicos, de la especie, me dijo que significaba eso. Después empieza con que la cultura cambió para peor, que si bien, no necesitan todas que las provean, una vez que las crías están crecidas, quieren divertirse, explorar y ya no quieren escuchar de nada que se relacione con el cuidado. Así es que a uno lo usan como mano de obra y que cuando se aburren lo abandonan. Me da risa el viejo, le digo que se divierta como ellas también entonces y dice, todo cagao, que ya no sabe cómo.

      ¡No te creo! Mi mamá tiene otra teoría, pero ahora que lo pienso tal vez sean complementarias, dice que los hombres se divierten en el período en que las crías estaban chicas, mientras ellas estaban cien por ciento dedicadas al nido y que después de finalizada esa labor ellos se ufanan de la familia, y pronuncia esa palabra con los ojos blancos, y lo justo es que ellas quisieran pasarlo bien después. Calza ¿no?

      ¡Jajajajajaja! No sé si aplica para todos, pero creo que se buscan explicaciones de toda clase, mi papá, otras veces dice que las mujeres son unas manipuladoras, que usan el sexo y las atenciones como moneda de cambio y que mi mamá lo dejó por un tipo que le ofrecía más.

      Oye ¡se pasó! ¿no te da rabia eso?

      Obvio que me da rabia, pasé meses sin hablarle por cómo se refería a mi mamá, pero cacho que hablaba como bestia herida. Mi mamá sigue sola y creo que hasta lo extraña, pero dice que mi papá la humilló y no puede arriesgarse a lo mismo de nuevo. Nunca me ha contado y yo ya no pregunto, ni siquiera para entender, pero cada cierto tiempo me pregunta por él. – Es para tranquilizar su conciencia− comenta mi papá.

      ¡Qué heavy! Esa es la cuestión, una queda al medio, sin poder hacer nada. A veces me da pena mi mamá y me imagino que lo va a pasar mal cuando mi hermana y yo nos vayamos de la casa. En ocasiones creo que de verdad es el sueño del pibe para cualquier viejo que ande por ahí y que por probabilidades va a quedarse sola; en otras creo que se lo merece por neurótica, por mecha corta, por pesada.

      Es injusta esta cuestión, se supone que los padres deben orientarlo a uno y na´ que ver que nosotros andemos aconsejándolos con su vida amorosa. Lo único que quiero es que mi papá se empareje luego pa´ quedarme tranquilo ¡cáchate! Mi mamá me preocupa menos, no sé, actúa como viuda resignada y creo que me convenció su actitud.

      Debiéramos hacer un movimiento social, que los viejos se dejen de huevear, que resuelvan sus cosas como en las películas, que hablen y se apoyen entre ellos y dejen que nos decepcionemos por nosotros mismos.

      ¿Por qué no presentamos a tu mamá con mi papá?

      ¡Nooooooo!

      Jajajajajajaja en un nano segundo reaccioné y también me sumo al ¡nooooooo!


miércoles, 19 de octubre de 2022

Palabras desordenadas acerca de la importancia del orden

 


Hubo un momento en que todo estuvo en su lugar o no había ni todo ni lugar.

¿Hubo un momento en que las cosas, los objetos, estaban donde tenían que estar?  Como si hubiera una correspondencia entre el espacio y una posición de algo, un solo espacio, un lugar para cada utensilio, libro, ropa, cuchuflíes, colegiales, calugones, material de limpieza y tantos elementos inútiles, esos cuyo significado no era intrínseco y por eso mismo conservaba con más aprecio.

Un día ocurrió lo de siempre, las cosas se desplazan, no calzan, se produce una asimetría e irrumpe el desorden. La organización pierde la identidad, chao homeostasis y umbrales de subsistenciaa. La determinación por recuperar la armonía comienza de afuera hacia adentro, sobre todo si ha fallado la estrategia inversa, pero tenga en cuenta que el trabajo es mayúsculo. Es imperioso fijarse y arreglar muchos detalles, deshacerse de algunos suntuarios: grasa, ropa en desuso, ollas viejas, azúcar y harinas. No hay para qué detenerse en explicaciones vanas, por ejemplo cómo se pasa de no tener casi nada a esta verdadera orgía de cosas que se acumulan sin sentido por todas partes. Los closets, cajones, los brazos, el abdomen, el piso, el cuartucho de lavado, el dormitorio de visitas, las mejillas, el cajón de bolsas abarrotado de bolsas, muchas bolsas.

- Tienes que ser tú quien diga lo obvio.

- ¿De nuevo?

- ¿No eres tú quien está ordenando?

- Cierto

- Pero ya no quiero y ahora que lo pienso, ojalá nunca más, ser yo quien tuerza los eventos.

- Tal vez no hablar los haga torcer. Desordenándolos. 

No es necesario perder tiempo en reflexiones inútiles, a veces hay que reiterar, esas ocupan tan poco espacio que resulta aconsejable apilarlas como las cookies del computador y luego borrarlas de un plumazo o un click, como prefiera.

Tal vez lo peor del proceso de encontrar un orden sea la sensación de un vacío, el dolor-vacío de bombones, de estanterías, cajones y bolsas de basura, galletas, dulces y falta de barnices y pintura para renovar muebles y puertas, pero esa sensación no va, por lo general, junto con la disposición a la acción.

De un modo extraño las ideas, como los libros, las blusas y los chocolates encuentran raras formas de categorizarse en el cerebro. Influenciadas quizás por qué ondas magnéticas, a veces se agrupan para escapar y otras para confrontar/se.

So when you remember the ones who have lied
Who said that they cared
But then laughed as you cried
Beautiful darling
Don't think of me

Because all I ever wanted
It's in your eyes, baby

Hasta las canciones y sus versos se ordenan de un modo particular o se desordenan según el ángulo desde dónde se miren. La dieta sigue el mismo patrón, cursilerías y dulces van juntos. Evidente. El abandono de sí mismo va con papas fritas y grasas. Siempre hay pautas, es cuestión de descubrirlas.

¿Y la disciplina con qué va? Con abdominales, con verduras y barridos, cloro y cajones desocupados, cabezas y cuerpos de pescado, algunos de colores como salmón y atún y otros blancuzcos como la merluza. Como guarnición puede servir metas y propósitos que aparecen de forma estacional y ya sabe, la sustentabilidad económica requiere aceptar los ciclos naturales de los alimentos y, por supuesto, velar por las condiciones sanitarias y de concentración, la suya y la del cloro con agua. Las soluciones son problemas complejos, no se trata de un pichintún de esto más lo otro, como dejando libre al azar. Es demasiado peligroso. Las soluciones pueden ser homogéneas, radicales, heterogéneas o imposibles no más. Claro siempre está la posibilidad de esas combinaciones tipo plasma en la que elementos muy extraños forman otro nuevo que no parece ser ni sólido o líquido o nada de lo que usted aprendió en la educación básica. También ocurre que una mezcla no llega a ser una solución. 

Ornato. No es necesaria la exageración, pero tampoco lo es esforzarse por la decoración franciscana o minimalista que, digámoslo, es una falta de riesgo absoluto. Una resignación al vacío, a la falta de cariño hasta por los demás. Una pared blanca, como una cabeza llena de canas, puede ser tan bella como un fresco provenzal, depende de la expresión de los ojos, de la actitud de jovialidad, pero hay paredes blancas inexpresivas, ojos hueros, bocas sin besos ni pliegues que recuerden que alguna vez los hubo.

Adornarse, a veces, es actualizar los protocolos de convivencia social, de contribuir a la armonía de la belleza de las cosas. Las flores silvestres, tienen el don de la belleza incorporado, precisamente porque surgen en lugares inesperados por áridos o escondidos. Allá usted si puede disfrutarlas o no. En todo caso, si las paredes son tan blancas que ni la maleza se asoma, es necesario insistir en llenar de colores el espacio como sea. Con piano o guitarras o sombras y labiales o estantes llenos de libros que algún día habrán de leerse.

Los libros merecen reflexiones aparte. Puede usarlos como soporte para toda clase de objetivos, en especial para apalancar emociones que otros saben mostrar en textos, también para subir la pantalla del computador y elevar, no siempre de nivel, las conversaciones en un mundo raro de imágenes y voces. Esos fines son bien servidos por diccionarios y manuales. Advertencias: los libros pueden desordenar las ideas, cuidado, también los espacios, y tienden a reproducirse solos, como los Gremlins, en las noches, con o sin necesidad de agua o alimento, es todavía peor si la combinación de líquidos y sólido hacen difícil recuperar el balance disciplinado del ascetismo. Es decir, si, por ejemplo, la combinación es la resultante de un vino dulce y chocolates, el resultado puede derivar en una mezcla fatal y entrar en un espiral caótico muy difícil de controlar. Así, los lomos de estos objetos y su apariencia parecen no combinar; los colores, los tamaños, los títulos, las temáticas, los autores pueden ofrecer formas de categorización, pero si usted ha caído en aquel rapto de descontrol se hará evidente en los libros apilados por todas partes, veladores, mesitas, escritorios, estufas en desuso e incluso sobre el piso de cualquier habitación.

¿Es tan literal esa idea de como es adentro es afuera y viceversa? O al lado, al revés, arriba, abajo, alrededor, alrededor como cantaba el querido Archibaldo. Cerca y lejos. Antes y después. Solo lugares, espacios y el tiempo como una referencia musical. Lugares puros. Líneas limpias, arquitectura eficiente. 

El orden es un talento, una virtud. No todos acceden a ese estado de equilibrio y claridad. A veces hay lapsos más o menos prolongados de estabilidad y prístinas decisiones, hasta que un día, un minúsculo mecanismo pierde el eje. Quien sabe, no es tiempo ni espacio, más bien compases, combinaciones de silencio y sonidos.


domingo, 21 de agosto de 2022

Fan de la cobardía

 



Nadie reconoce la cobardía, pero todos la hemos sentido, solo el umbral es diferente. La valentía es para algunos, los que no toleran la ambigüedad, los más impulsivos tal vez, los que hacen malos cálculos, ¿no ve? Es de hábiles sibilinos no enfrentar decisiones difíciles, poner cara de dolor y dejar que otro decida hacer algo. Así, si le va mal, se le puede tildar de conflictivo y se acabó el problema. Ser cobarde es de los hábiles, de los que tienen en cuenta sus necesidades y prioridades. Hay que ser medio huevón para exponerse a perder amigos, el trabajo o la estabilidad interna por explicitar un conflicto y decidir. Mejor que lo diga otro, lo que sea. Además, usted siempre puede aducir que sus batallas son más importantes, que hay que elegirlas bien y no hacerse problemas por leseras. Recuerde que está la posibilidad de redefinir las situaciones, ponerlas en un marco mayor y luego, ex post, verse a sí mismo como una persona sensata que valora la tranquilidad y el buen juicio por sobre todas las cosas. La cobardía puede, por ejemplo, ser sinónimo de sacrificio o generosidad, usted se puede guardar su opinión o seguir soportando una situación incómoda por el bien de otros ¿Acaso no admiramos todos a las madres que hacen todo por sus hijos dejándose a sí mismas en el último lugar de la fila de personas a las que cuida?

La cobardía, piénselo, también es signo de buena educación: no disienta, dé la razón a su interlocutor, ríase de los chistes fomes y de a poco, bien de a poco, será incapaz de poner límites y los demás le considerarán una muy buena persona, alegre, de buena voluntad y con la que puede contar para todo. Si no quiere hacer algo, aduzca enfermedad, falta de tiempo o fallas en la memoria. Si no quiere decir algo, pida a otro que lo haga " es que tú hablas bonito, sabes lo que hay que decir, ¡yo me pongo tan nerviosa!” –. Así ¿ve?, adule un poquito al que se envalentona y esa persona irá alegremente a defenderlo, llevándose los costos de hablar por usted y los demás, sea vivaracho/a, salga limpio/a de todas las situaciones. Recuerde la cobardía es una habilidad, le permitirá flotar sobre los conflictos, casi siempre sin costo. Uno que otro remordimiento de poca monta que se pasa rapidito, con un café o un té bien caliente o una risotada por cualquier motivo. A otra cosa mariposa. Eso es tener un superyó funcional, no necesariamente sano, pero a quién le importa. Que la culpa pase pronto, que la cuenta sea alegre para usted, son mis mejores deseos, ¡bah! Pensé que estaba escribiendo una tarjeta de feliz cumpleaños. Además, piénselo, pocas cosas reditúan más que ir de víctima por la vida, se quejan mucho, hablan mal del resto, un deporte muy entretenido, aceptémoslo, y están muy poco dispuestos a asumir el costo por un cambio.

No se confunda, a veces los cobardes van de bravucones, de intensificadores del conflicto, ¿para qué? para animar a alguien a hacer algo y luego sumarse a la posición dominante resultante de la batalla y mirar con cara de superioridad intelectual a quien se atrevió a explicitar el problema, aquello que flotaba en el ambiente y que los prepotentes que ladran no se atrevieron a poner en palabras.

Prudencia, virtud de los sabios, buen disfraz para timoratos.

Evidentemente, mientras más inteligente es la falta de coraje, la victimización se puede disfrazar de estoicismo, esperanza en que los astros se van a alinear en algún momento, inclusive después de su muerte, que el universo le está preparando una sorpresa, o inclusive la fe en cualquier dios o sus representantes puede resultar una buena forma de racionalizar el camino a la aceptación de las circunstancias vitales. Incluso, algo muy de moda, el agradecimiento por las condiciones de vida y experiencias que le ha correspondido y que le han permitido ser usted es otra forma elegante de decir –no di para más, no me atreví a más.

Creo que hay suficientes argumentos para concluir que la cobardía es una virtud, que aprender a callarse también, total, las cosas siguen su curso como debieran, depende del marco conceptual y el nivel de análisis que se decida usar.


Siouxsie and The Banshees, https://youtu.be/M6rrTROoZIw


Saludos

  Terminé de seleccionar los cuentos para un tercer libro ¿para qué? sigo sin razones, más bien me valgo de una pregunta de las que circulan...