Yo tenía un par de amigos en las
redes. N1, que pasaba conectado la mayor parte del tiempo, al menos las veces
en que me metía ahí aparecía el circulito verde marcando su presencia. En
realidad, nunca nos vimos en persona, ni siquiera por video llamada. No me
gusta hacer video llamadas. No es que me importe tanto mi apariencia ni esté
buscando parecer lo que no soy, más bien no entiendo la utilidad de hacerse una
idea de otra persona según como luce. Deben ser tonterías de las plataformas de
ahora, pero podría apostar a que uno conoce más la esencia de alguien si nunca
lo ha visto. Ya sé, sonó a soberbia. Puede ser, pero puedo apostar a que yo
sabía más de mi amigo que muchas personas que él frecuentaba a diario. Me
gustaba decir algo sabiendo que se iba a reír o iba a generar alguna reacción
en su mente, por lo general era el único que ponía alguna reacción. A lo que fuera:
una canción, una noticia, la cita de algún libro, incluso si sólo ponía un emoji.
El otro amigo, N2, era de otra red,
a ese lo conocí menos porque era más popular, por lo general sus posteos tenían
muchas respuestas y reacciones y casi me sentí extrañado cuando respondió a
algo que yo escribí. Parece que me salió ingeniosa una frase y comenzó un
diálogo entre varios que resultó divertido. Ahora que lo pienso N2 no era tan
amigo, más bien me gustaba leer sus opiniones porque se atrevía a decir lo que yo
me reservaba por temor a la agresión. Una vez puse un comentario que no pensé
que iba a provocar tanta rabia en otra persona, supongo que era alguien humano,
y después de tratarme de subnormal entre otras cosas, me bloqueó sin que pudiera
responder. Otro me agregó a una lista de gente execrable, tampoco supe la razón
y entonces el único agrado de esa red para mí era leer a alguien que opinaba
parecido a mí, pero que no recibía tanta mala onda por explicitarlo. Fue
adelantando que se iría y yo no era nadie para detenerlo. No sé bien por qué lo
extraño, tampoco tengo argumentos para seguir entrando a esa red que se
convirtió en un símbolo del estado de la civilización, una sarta incoherente de
imágenes, noticias absurdas, videos que generan ira y una que otra información
valiosa que entre tanta estupidez es casi imposible de distinguir. Cada vez
entro menos y todavía extraño a N2, a veces creo que se abrió otra cuenta y
adoptó otro personaje, hay cuentas, no me atrevo a decir personas, que hacen
eso por diversas razones. A veces para ser más salvajes, otras para sacar su
lado suavezón y provocar otra clase de respuestas, en fin, ese mundo es
demasiado raro.
N1 era un amigo más tradicional,
pero yo me lo imaginaba muy solo, muy pegado a su teléfono o al computador ¿en
qué trabajaría? Nunca le pregunté. A veces me lo imaginaba postrado por alguna
enfermedad de la que no quería hablar o empleado en una oficina en la que no
había demasiado que hacer y entonces le sobraba el tiempo para estar en redes.
Algo parecido a mi trabajo porque yo podría ser él para otros. Alguien con
tiempo de sobra. No sé si el tiempo puede sobrar o lo que pasa es que no se
sabe qué hacer con él. Sobra el tiempo cuando uno está atrapado en
circunstancias que no permiten más alternativas que estar sentado esperando que
llegue un cliente, un correo o una tarea por hacer. Esas esperas son el tiempo que
sobra. Mi amigo N1 me animaba a escribir tonterías, sabía que alguien las
vería, alguien humano. A veces yo también le respondía o comentaba sus posteos
porque, como fuera, se trataba de una relación y como tal requería de mutua
retroalimentación. Eso era lo que faltó con N2, yo me dediqué a observar y no
comentaba o reaccionaba a sus textos porque era tan popular que ni cuenta debía
darse si alguien como yo existía en esa red.
N1 era más tradicional.
Yo también. Llegaba del trabajo o
de ese lugar de esperas largas y había alguien en mi casa con quien hablar y
comentar, por lo general mis padres y mi hermana que, a la hora que mi papá
llegaba de su trabajo, y por lo que decía, era un trabajo en serio, bajaba de
sus clases on line, o de sus juegos, vaya a sabe uno. Mi mamá llegaba a diferentes
horas porque su trabajo era independiente, hace curaciones o pone inyecciones a
domicilio. Ese también es un trabajo real. En fin, que uno llega a la casa y
todos hacemos alguna tarea para comer juntos. A veces eran días silenciosos y
otros en que habían pasado muchas cosas. Una vez comenté a un compañero de la
pega que eso era lo habitual en mi casa y me quedó mirando como a un bicho raro,
me dijo que muy poca gente hace eso. Él al menos se iba directo a su pieza, con
suerte saludaba si había alguien, si tenía hambre sacaba un pan y se iba a
jugar on line. Nunca fui bueno para los juegos, debo ser medio huevón, o
entero, como dice mi hermana. Y como soy malo no me gustan igual que el
colegio. Casi nada me gustaba, ahora que lo pienso, tampoco ahora sé qué me
gusta. Sí, disfruto algunas películas, música y me gusta ver el fútbol por la
TV, aunque solo me gusta si veo los partidos con mi papá porque él sí que se
apasiona y es divertido escuchar sus comentarios chaqueteros. Se ríe a
carcajadas cuando un jugador se pifia y a mí me da risa él.
¿Cómo sería la vida de N1?
A mí me daba curiosidad, pero nunca
le pregunté. Una vez me gustó una chica en una red, linda ella o se sacaba buenas
fotos que es algo distinto. Empecé a ponerle me gusta a todas sus
publicaciones, un día, para mi sorpresa, me mandó un mensaje, quería saber quién
era yo, me inventé un nombre y le respondí.
− ¡Ah, no! te llamas igual que mi
ex.
Me bloqueó y es lo más cerca que
estuve de conocer una chica por las redes. ¿Qué hubiera pasado si se me hubiera
ocurrido otro nombre? A veces me quedo pensando en eso.
Apuesto a que N2 tiene una vida
armada y buena, por eso no está en las redes.
No puedo creerlo, N1 se suicidó, su
madre escribió en su nombre que había muerto, no explicó nada, pero por los
comentarios de otras personas, se deducía que se trataba de eso.
No lo conocí, sin embargo, la
noticia me golpeó, me dio una tristeza tan grande y no sé por qué, si N1 era
para mí una seguidilla de palabras escritas, algunos emojis y nada más. Me
siento culpable por no haberme dado cuenta de que me importaba y que nunca se
lo dije. Entonces era cierto que estaba solo o que eso creía él.
Al correr de los días, han
aparecido en su cuenta innumerables saludos y expresiones de tristeza real.
Mucha gente, demasiada gente que, como yo, lo apreciaba y nunca se lo dijo. Se parece
a una colección de soledades si es que algo así puede existir.
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