Terminé de seleccionar los cuentos
para un tercer libro ¿para qué? sigo sin razones, más bien me valgo de una
pregunta de las que circulan en Instagram como para darse valor y empujarse a
una misma ¿por qué no? Esta vez vencí otra barrera y entregué el
borrador a dos amigas que, además de esa condición, la de la amistad, son
buenas lectoras y espero contar con ellas en el lanzamiento. Me falta pasar
otro obstáculo, pero, tal como los exámenes médicos, quedó para el 2026.
Mientras más vieja menos me apuro y
más me molestan los plazos y prisas.
Después de todo muchas cosas, en apariencia
serias, no son más que juegos en los que descansamos de la vida y de sus temas
por resolver. Tanto de la historia, ajena y propia, ocurre en la memoria y la imaginación
y ambos procesos son inseparables del modo de mirar y recordar y reacomodar y
filtrar que, ante tanto enredo, más vale resolver la confusión en otro lado,
jugando, bailando, escribiendo, bailando (ya sé que no se recomienda escribir con
gerundios) y si esos distractores son compartidos, mejor aún.
Habrá que acostumbrarse a otro
número en el calendario y abrir una nueva carpeta en documentos titulada Cuentos
2026.

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