Desde el lanzamiento del
Caleidoscopio me quedé con una pregunta que no supe responder: ¿para qué escribir
y autopublicar cuentos? Para nada útil desde el punto de vista pragmático, eso
es obvio, como cualquier actividad expresiva. No sé si ahora tengo una
respuesta diferente o más detallada que expresar, decir o traducir en palabras
algunas sensaciones, observaciones que de a poco se van transformando en
historias y ¿es necesario compartirlas? No, como tampoco escribirlas. No es una
necesidad y menos un mandato. Será de patuda, supongo.
A veces he escudriñado en la
historia familiar y creo que desde ahí hay algunos empujones teñidos de
lealtad, mi abuelo materno era periodista de la vieja escuela, es decir,
autodidacta y por ahí circulaba un manuscrito de un libro que solo vi de lejos y que no llegó a publicarse.
Mi madre tenía intenciones de escribir y solo alcanzó a llenar un par de páginas
en un cuaderno, mi hermano Boris, publicó un cuento en la Zona de contacto del
diario El Mercurio y estoy muy segura de que tenía gran talento, de que escribía
mucho mejor que yo. Entonces creo que lo que hice fue completar la tarea, sin
la convicción necesaria como para probar en serio, pero sí hice el camino corto
al objeto, al libro que los otros tres dejaron incompleto por muy distintas
razones.
A lo mejor algo de eso hay o son
los cuentos que me cuento. No se puede saber.
Pienso en esas cosas cuando se
acerca el lanzamiento del tercer libro y aunque no hay motivos para sentir
estrés porque solo irán mis amigos y son muy amables conmigo, de todas maneras,
me viene esa sensación de lo innecesario de todo. Es decir, para qué. Y vuelve a
inquietarme esa pregunta
De las cosas curiosas que han
ocurrido con ocasión de los libros, en el lanzamiento del Café Literario puse
en los marcapáginas una cita de Murakami:
“Y cuando la tormenta de arena haya
pasado, tú no comprenderás cómo has logrado cruzarla con vida. ¡No! Ni siquiera
estarás seguro de que la tormenta haya cesado de verdad. Pero una cosa sí
quedará clara. Y es que la persona que surja de la tormenta no será la misma
persona que penetró en ella”.
Luego vinieron el estallido social
y la pandemia del COVID, eventos que dieron un significado más dramático del
que ya tenían las palabras de H. Murakami.
Esta vez la portada de Historias de
frases hechas muestra a una joven caminando en la ciudad mientras hay una
tormenta y eso es lo que ha ocurrido por estos días en muchas ciudades del país.
Me gustan las tormentas, los truenos, los relámpagos, los rayos, el viento, pero
fueron precisamente esos elementos los que hicieron necesario que cambiara de
lugar del lanzamiento y sumara estrés para ese día.
Para el lanzamiento del
Caleidoscopio aún quedaban resabios del COVID y hacía un frío que calaba los huesos.
Aún así, nos divertimos y jugamos a que nos gusta leer, escribir y analizar textos.
Copio y modifico el párrafo de
invitación:
Entonces, si de jugar
se trata, considérese invitado/a al lanzamiento de Historias de frases hechas,
si es humano/a y un/a lector/a al/la que no le ha llegado invitación por
WhatsApp y que no vive en Kirguistán, Jordania, Kenia, Bangladés, Somalia o
Singapur, como aparece en las estadísticas de Blogger. La convocatoria es para
el 22 de octubre, a las 18.30 hrs. En la cafetería D´Astutti ubicada en Príncipe
de Gales 9140, Local 236, piso 2, La Reina. El consumo es de costo personal.
Lluvia de primavera, Bebu Silvetti,
https://youtu.be/wXj9yPoWOPE?si=cIkY6udIl3fZtbBa
Balada
de otoño, Joan Manuel Serrat
https://youtu.be/5v66eaBzJmA?si=M-8oF4Cp_mI093mk
Llueve
sobre la ciudad, Los Búnkers https://youtu.be/5OuFnuhXUBc?si=t212fogOhaKxUaXH
The
rain song, Led Zeppelin https://youtu.be/g8VduT7aR2c?si=hD3-JQJHWQftY59c
Mandolin rain, Bruce Hornsby
and the Range, https://youtu.be/bDgOwX72fLI?si=kzZWAGe2-iXwgeaS

