martes, 29 de septiembre de 2026

Pauli, Jung, Columbo y las ponderaciones improbables

 



—¡Mire cómo son las cosas! Por aquí de nuevo.

− Usted me invitó ¿por qué la sorpresa?

− Porque es un acuerdo que requiere de voluntades y esas son tan febles ¿no?

− ¡Ah! Es que usted no confía ni en sí mismo, pero bueno ¿en qué anda su mente por estos días?

− Divago, como siempre, con frases de distintas personas que escucho o leo por ahí. Me acordé de usted por un libro que compré con muchas expectativas…

- ¿Luego lo decepcionó? Jajajaja

—Nada que ver. O, sí, el libro me ha decepcionado. Fuera de bromas, es un libro que intenta relatar el encuentro entre Wolfgang Pauli y Gustav Jung.

− ¡Ah! Un par de tontuelos, ¿no? No me ponga esa cara, sé quiénes son. No sabía que se habían conocido.

− No solo se conocieron, sino que colaboraron, cada uno desde su campo de conocimientos, para dar sustento al concepto de sincronicidad desde la mecánica cuántica, por parte de Pauli y los arquetipos e inconsciente colectivo de Jung.

− Y entonces aparecen los mitos, los símbolos y todas esas rayaduras del Libro rojo de Jung.

− ¿Vio? Sabía que iba a salir con eso, la liviandad del desconocimiento.

− Tan lleno de prejuicios conmigo que lo han de ver…lo digo para molestarlo. Me interesó un tiempo, pero no entendí nada.

− Yo tampoco mucho para serle honesto, pero justo hoy estaba escuchando un podcast y un músico escritor, hablaba del Libro rojo, de cómo Jung se conectaba con su creatividad, su inconsciente diría él, enfocándose largo rato en un solo punto hasta tener imágenes que luego dibujaba e interpretaba.

− ¿No se compró ese libro? Recuerdo perfecto que lo acompañé a buscarlo. Y escuchar justo un podcast acerca del tema ¿no le parece una muy buena casualidad? ¿sincronicidad tal vez?

− Me arrepiento tanto de no haberlo comprado…sí, pensé en eso un rato, pero me resisto. Ya sabe, la mente porfiada.

− Apuesto a que le ganó su Ebeneezer oculto en las sombras.

− ¡Jajajajajaja! Se ve que me conoce; sí, es un libro carísimo. Depende de la edición, por supuesto. Quiero el que viene ilustrado. Iré de nuevo a ver cuánto vale. A ver si le gano a Ebeneezer.

—Volvamos al encuentro con Pauli, él es quien dijo la frase “ni siquiera es un error” o algo así, ¿no?

− Sí, se refería a que lo peor de lo peor en ciencias es exponer una afirmación cuyos componentes no son demostrables.

− El asunto es que yo buscaba más en el libro y me encontré con reiteraciones de lo mismo: Pauli dijo, entonces Jung dijo esto otro. Luego la biografía de uno, después la del otro.

− No debe ser fácil describir una relación de colaboración entre dos capos de ese nivel. A lo mejor usted esperaba testimonios como los de Sartre y Simone de Beauvoir o Anaïs Nin y Henry Miller.

—Sí, a lo mejor. Algo más contundente que la reiteración de conceptos generales y la historia de cada uno. Bueno, bueno, que me estoy transformando en un latero total. ¿y usted en qué anda?

− Ah, yo ando más artesanal, con manualidades y jardinería, muy Byun-Chul Han.

—¿Y no era que lo encontraba un llorón?

− Todavía lo creo, pero así es uno, un montón de contradicciones caminando por ahí tratando de inventarse un destino en el intertanto.

− Tal vez debería escribir sobre esa sensación.

− ¿Escribir? No se me ocurriría jamás, nunca logro decir lo que intento. La idea escrita parece un dibujo de un preescolar. No logro dar con el tono, me falta ese toque de algunos iluminados por el don.

− Eso es lo que dicen casi todos los que escriben.

—¿Ah, sí?

—¿Le parece si dejamos de caminar y nos vamos al café de siempre a ver si hay ponderaciones?

—Jajajajaja, imposible, los milagros y desviaciones de lo que es solo ocurren una vez.

− Eso dicen todos los viejos.

—¿Ah sí? Vamos por las ponderaciones entonces. 



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