Sigo con la afición de
escuchar biografías mientras hago otras cosas de la vida cotidiana. También me dio por tejer: “me dio” quiere decir que tejo cada vez que puedo, cada vez que estoy sentada y no estoy trabajando, obvio. Ni siquiera tejo bien; no
tengo paciencia para seguir tutoriales de puntos complicados y tampoco me fijo
si aplico la misma fuerza para afirmar los puntos, la prolijidad no es mi
virtud en nada. Tal vez por eso me gusta el punto cruz cuando me da por bordar,
porque, cuidando unos pocos detalles, queda uniforme y los errores deben ser
muy groseros para que se noten.
Para los deportes
también era más o menos, estuve en varias selecciones en mi época de colegio:
de basketball, de atletismo en velocidad y resistencia y algunas otras cosas,
pero en ninguna fui destacada.
Ahora que lo pienso, puede
ser por eso (y por copuchenta) que me gustan las biografías de personas descollantes
en sus áreas. He escuchado las historias de matemáticos, científicos, artistas
y escritores. Las que me han sorprendido y por eso las quiero recomendar, son
las vidas de Paul Diriac: https://youtu.be/KHMKIPjYcNc?si=1ADHyeAgNTIgT8S2
; Werner Heisenberg https://youtu.be/KK9AXlTRuzk?si=edY6rpu0_vFMB7uG
; Carl Friedric Gauss https://youtu.be/Ek1DsX1CUPQ?si=SXvv5R1eP1Y7QqTv
, Aldous Huxley https://youtu.be/shyzfyf-q4M?si=nZeuM-yvkMBBYcPC
y Antón Chéjov https://youtu.be/dKpmy-svEHI?si=ZiRLYqQcZgU9gLS8.
Escuché varias biografías de Huxley
y de Chéjov. Vale la pena escuchar distintas versiones porque cada una destaca
aspectos diferentes, casi todas están dobladas por voces de inteligencia artificial
que son una lata, pero qué se le va a hacer. Algunas encima contienen un lenguaje
relamido y artificiosos que intenta ser literario y que, de seguro, también
obedecen a redacciones de la IA. Más allá de eso, la historia de Huxley es
impresionante por los eventos que vivió y por el estilo de vida que llevó: muy
a contracorriente de las normas de su época. Una inteligencia y capacidad
lógica que rozan lo inverosímil.
Había leído y escuchado muchos
cuentos de Chéjov y no se me había ocurrido indagar sobre su vida. Es un deber oírla. Se entiende su sensibilidad y la forma de mostrar la naturaleza humana
más allá de una época en particular, sin juicios ni moralejas obvias. Breve y
al hueso.
Otro del que no sabía nada era Carl
Friedrich Gauss; solo conocía la curva que lleva su apellido en mi lucha por
entender los cálculos de probabilidades y el uso de tablas de distribución en
el ramo de estadística en la universidad. Su historia fue eso precisamente: contra todas las leyes de las probabilidades pudo desarrollar su inmenso
talento y alcanzar los más altos niveles a los que el intelecto puede llegar. Ídolo
total.
Heisenberg pudo ser músico, atleta,
matemático o físico con las mismas posibilidades de éxito, así de dotado. Fue
rechazado como candidato a doctor en matemáticas. Un perro ladró durante toda su
presentación frente al profesor que debía oír su postulación, quien, viejo y a
punto de jubilarse, le dijo que mejor se fuera al departamento de física. Así con
el azar.
Logré terminar un libro, La
corresponsal de Virginia Evans. Es un libro que recorre varias vidas a través
de la correspondencia de la protagonista. Sentí nostalgia por las cartas en papel
y hasta de los correos electrónicos que durante un tiempo reemplazaron ese tipo
de comunicación. Los mensajes cortos por WhatsApp o cualquier otra plataforma
no son lo mismo bajo ninguna perspectiva. Qué bueno que alguien reivindicara las
cartas y de una forma tan estética, además.
Todavía tengo pendiente La conjura
de los necios de John Kennedy Toole, ese lo tengo en papel. Es buenísimo, pero
se me atraviesan otras cosas, otros libros, otras lanas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario