− ¡Tanto tiempo sin vernos Columbo!
−
Sí, ¿alguna explicación?
−
No, la vida no más y el temor.
−
¡Uf! Por supuesto, como si no lo conociera, el temor a molestar ¿no es así?
−
Y más, usted me conoce, pero no perdamos más el tiempo ¿a qué se debe este
café?
−
Al otoño, a la celebración del frío y a la sorpresa de que tal vez seamos los
últimos humanos.
−
Lo noto apocalíptico. ¿se refiere a la guerra comercial?
− No, a algo que comenzó antes que
eso. A la muerte paulatina de la conversación.
− ¡Ah! un tema apasionante. También
he pensado en eso. Son escasas las conversaciones, pero tal vez los son desde
hace mucho, la mayoría de las veces parece que las personas conversan, pero más
bien es un intercambio de frases hechas por la buena costumbre, sin muchas
ideas. Incluso se evitan tópicos que pudieran llevar a discrepancias como si
fuera una especie de amenaza al vínculo.
− Entonces usted, tan pedante como
siempre, solo llama conversación a la discusión de ideas inteligentes o algo
así. No concuerdo, tal vez yo sea más básico, más torpe, más naïve
− Ja ja ja y usted, tan burlón como
siempre, no desaprovecha ninguna oportunidad para desacreditarme ¿no?
− No es muy difícil la verdad.
Fuera de bromas, una expresión muy cliché, por supuesto, me refiero a verse las
caras, a hablar, inclusive a balbucear, lo que sea con otra persona, aunque se
trate de temas absurdos. Tal vez nosotros seamos los últimos que podemos decir
algo sin recurrir a la IA.
− ¿Cómo? No estoy familiarizado con
eso.
− ¡Se me olvida lo viejo que es
usted!
− Agradezca que recién nos trajeron
el café, si se va a poner desagradable, mejor me voy. Y por si no se acuerda,
tenemos la misma edad.
− ¡Ay! Tanto y tan rápido que se
ofende. Disculpe Mr. forever young, no sé qué me pasa hoy que no puedo
ponerme serio en este encuentro. ¿sabía usted que ahora cuando chatea no puede
saber si es una persona la que le contesta o la IA es la que responde?
− ¿En los trámites? Como las
páginas de los bancos, pedidos de gas y esas cosas supongo.
− ¡No pues! En un chat con amigos,
una persona natural o varias. Si la respuesta es muy ordenada, lógica y sin
faltas de ortografía hay que desconfiar, puede tratarse de una aplicación que
su interlocutor usó para darle una respuesta adecuada según varios criterios.
− ¡No me diga! ¿usted ha usado esa
aplicación para chatear conmigo? En general su escritura es correcta y
adecuada.
− Jamás la he usado, menos con
usted, es una deformación profesional eso de poner puntos, comas y, por lo
demás, hace mucho que no chateamos y me parece bien. De otro modo estos
encuentros no tendrían sentido ¿no le parece?
− Por supuesto, en eso estamos de
acuerdo, aunque como usted es yo y yo usted, ambos sabemos que de no ser por el
chat estaríamos muy aislados.
− Cierto, ninguno se destaca por
las habilidades de conexión. Usted detesta hablar por teléfono y a mí me es
difícil empezar, pero bueno aquí estamos. Así es que tal vez sí seamos los
últimos humanos con recursos de la especie, aunque ya posiblemente contaminados
con micro plásticos y las correcciones del autotexto.
− Sí, humanos puros, puros tal vez
ya no seamos.
− Al menos conservamos algunas
cualidades de lo humano, aquello de la autoconciencia y de la narrativa
personal.
− ¿Ha estado leyendo algo que trate
sobre eso en el último tiempo?
− Sí, pero no recuerdo dónde, tal
vez lo escuché, en fin, es un tema antiguo, los humanos nos caracterizamos por
contarnos historias acerca de todo, intentamos explicarnos las cosas en una
sucesión de eventos que tal vez incluso no ocurrieron o no en el orden
recordado.
− ¡Ah! Claro y a usted le obsesiona
eso de los archivos mentales y las emociones que los traen a la conciencia
teñidos de diferentes colores.
− Y a usted le atrae la idea de que
las explicaciones acerca del comportamiento de uno mismo y de los otros no son
más que acomodos según las teorías de la mente que impere en ese momento para
los interlocutores o en ese estado de doble conciencia que establece el diálogo
interno.
− Como esta conversación ¿no?
− y como cualquier conversación.
¿No son los otros lo que uno cree de ellos?
− o podría ser que uno crea a los
demás, uno les atribuye características, motivaciones, deseos, temores.
− No sé, es una exageración me
parece. Uno hace cosas, los demás también.
− Sí, pero las interpretaciones son
de quien las hace. Claro, tampoco es que estemos en una alucinación constante…¿o
sí?
− Oiga, pero entonces, el concepto
de uno mismo también es un invento, otro cuento más o narrativa para que suene
más sofisticado ja ja ja.
− Se nos acabó el café con leche ¿quiere
unos panqueques para seguir conversando?
− Por supuesto, en eso no hay dos
versiones del mismo yo. Y otro café con leche.

No hay comentarios:
Publicar un comentario