Foto de Gül Isik pexels.com
Y me lancé de nuevo. Había sido hacía
unos días antes, pero quien revisará los cuentos no me respondió en esa ocasión
y, como cobarde que soy, una parte de mí estaba contenta de haber hecho un
intento y que no resultara. Borré el mensaje, pensé que el teléfono ya no
correspondía, tal vez se lo habían robado o no se dedicaba a revisar textos de
aficionados. Había decidido empezar el proceso sola, bajé un par de programas
de edición y diseño gratuitos al mismo tiempo que contacté a una ex compañera
de colegio que se dedica, entre otras cosas al rubro de la diagramación y
diseño gráfico de libros ¿Cómo no se me ocurrió antes? Intenté aprender a usar
el Affinity y vi que necesitaría ver muchos tutoriales para dar con la destreza
que necesito, será una entretención posterior. Llegamos a acuerdo con la
diseñadora gráfica y en el intertanto, un poco antes del 21 de mayo me escribió
quien revisará los textos. Me dio algo en la guata. Releí todo de nuevo,
también había bajado un programa gratuito de revisión de puntuación y me puse a
corregir como energúmena. Pasó lo obvio, encontré que nada valía la pena, que
si bien no he pretendido nada más que no sea darme el gustito de escribir
porque sí y para algunos amigos que me leen, hasta eso me pareció una señal de
soberbia y egocentrismo. Para el caso, envié el texto sin pensar más. Si es un
juego, juguemos bien, o lo que sea que sirva como una excusa más o menos
válida.
En el intertanto, sigo entrando al
blog por si hay nuevas lecturas y de días en que hay dos o tres, o ninguna, paso
a otros en que hay 120. Sospecho que no son humanos sino bots o máquinas
de cualquier tipo, además, los países desde los que se supone que abren los cuentos,
son de lo más raro: Vietnam, Bangladesh, India, Alemania, en fin. Como sea, un
cuento, Otro día, al que no le encuentro ahora nada de gracia, tenía varias
lecturas, lo leí de nuevo y le faltaban como ocho párrafos. Busqué el archivo y
pegué el texto faltante, lo completé porque, aunque se trate de máquinas, qué vergüenza
subir algo incompleto. Mediocre y encima incompleto ya es el colmo.
Me compré un globo terráqueo donde
los chinos me hacía mucha falta, con suerte no me pierdo en mi propio barrio; la
geografía, así como tantas otras cosas, no es lo mío. No tengo esperanza de que
logre fijar en mi memoria nombres de ciudades, países y sus vecinos, pero al
menos podré recurrir a algo para hacerme la idea. El globo chino no es tan
detallado como quisiera, pero es un comienzo.
He estado escuchando cuentos y en
las horas de insomnio, he leído libros en pdf que me envía una amiga muy lectora
y otros que he bajado en esas mismas horas, tengo muchos de reserva. Y qué buena
que es la aplicación ReadEra: se puede configurar la luminosidad, el color del
texto y marcar las partes que a una le provocan algo.
Dispersa, así estoy.
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