lunes, 25 de mayo de 2026

Debió ser el 21 de mayo

 

Foto de Gül Isik pexels.com

Y me lancé de nuevo. Había sido hacía unos días antes, pero quien revisará los cuentos no me respondió en esa ocasión y, como cobarde que soy, una parte de mí estaba contenta de haber hecho un intento y que no resultara. Borré el mensaje, pensé que el teléfono ya no correspondía, tal vez se lo habían robado o no se dedicaba a revisar textos de aficionados. Había decidido empezar el proceso sola, bajé un par de programas de edición y diseño gratuitos al mismo tiempo que contacté a una ex compañera de colegio que se dedica, entre otras cosas al rubro de la diagramación y diseño gráfico de libros ¿Cómo no se me ocurrió antes? Intenté aprender a usar el Affinity y vi que necesitaría ver muchos tutoriales para dar con la destreza que necesito, será una entretención posterior. Llegamos a acuerdo con la diseñadora gráfica y en el intertanto, un poco antes del 21 de mayo me escribió quien revisará los textos. Me dio algo en la guata. Releí todo de nuevo, también había bajado un programa gratuito de revisión de puntuación y me puse a corregir como energúmena. Pasó lo obvio, encontré que nada valía la pena, que si bien no he pretendido nada más que no sea darme el gustito de escribir porque sí y para algunos amigos que me leen, hasta eso me pareció una señal de soberbia y egocentrismo. Para el caso, envié el texto sin pensar más. Si es un juego, juguemos bien, o lo que sea que sirva como una excusa más o menos válida.

En el intertanto, sigo entrando al blog por si hay nuevas lecturas y de días en que hay dos o tres, o ninguna, paso a otros en que hay 120. Sospecho que no son humanos sino bots o máquinas de cualquier tipo, además, los países desde los que se supone que abren los cuentos, son de lo más raro: Vietnam, Bangladesh, India, Alemania, en fin. Como sea, un cuento, Otro día, al que no le encuentro ahora nada de gracia, tenía varias lecturas, lo leí de nuevo y le faltaban como ocho párrafos. Busqué el archivo y pegué el texto faltante, lo completé porque, aunque se trate de máquinas, qué vergüenza subir algo incompleto. Mediocre y encima incompleto ya es el colmo.

Me compré un globo terráqueo donde los chinos me hacía mucha falta, con suerte no me pierdo en mi propio barrio; la geografía, así como tantas otras cosas, no es lo mío. No tengo esperanza de que logre fijar en mi memoria nombres de ciudades, países y sus vecinos, pero al menos podré recurrir a algo para hacerme la idea. El globo chino no es tan detallado como quisiera, pero es un comienzo.

He estado escuchando cuentos y en las horas de insomnio, he leído libros en pdf que me envía una amiga muy lectora y otros que he bajado en esas mismas horas, tengo muchos de reserva. Y qué buena que es la aplicación ReadEra: se puede configurar la luminosidad, el color del texto y marcar las partes que a una le provocan algo.

Dispersa, así estoy.


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