Tengo una amiga con la que
comentamos libros, no siempre estamos de acuerdo en las opiniones lo que
enriquece la conversación sin duda. Hemos coincidido en el gusto por Stoner de
John Williams, Gente Normal de Sally Rooney, La Intemporalidad perdida de Anaïs
Nin; ella me recomendó a Sandor Marai y a Milán Kundera y me encantaron. Yo le
recomendé a Murakami y al principio a ella no le gustó y más tarde sí. No
coincidimos con Elena Ferrante que a mí me encantó y a ella la aburrió. Me presentó
a Mishima y si bien me fascinó su biografía no he pasado de leer algunos de sus
relatos más cortos. Ayer en la mañana le conté de Sumisa de Dostoievsky, de la
Muerte en Venecia de Thomas Mann, el recuerdo de De profundis de Oscar Wilde y también
de mi dificultad para leer algunas cosas de Stefan Zweig. Ella se acordaba de
un libro de ese autor que leyó en su adolescencia temprana, La Confusión de
sentimientos, y yo le conté de Servidumbre Humana que leí demasiado pronto
también. Es impresionante como algunos libros pueden marcar la vida, pero ese
es tema para otra reflexión.
Como he tenido menos trabajo y ayer
fue un día con muchas horas libres, pude escuchar completa la novela La confusión
de los sentimientos y quedé impresionada. Pido mis sentidas disculpas al
espíritu de Stefan Zweig si anduviera por alguna dimensión en que le importara
lo que opine o no una lega. Debe ser el libro con la mejor declaración de amor
que haya leído/ escuchado hasta ahora, que maravilla de texto, conmovedor y
transparente. De nuevo me quedo sin palabras. Me dieron ganas de tener en papel
las últimas páginas, no es lo mismo oír que leer. En el libro, las palabras
escritas se atesoran, los sonidos tienen otra sede, otra memoria. La palabra
escrita e impresa se puede tocar y hacerla propia.
En la adolescencia más tardía, a
los 16 o 17 años, en esa época en que transmitían teleseries brasileñas después
del almuerzo, vi una escena en la que Lauro Corona declaraba su amor
inconfesado a Malu Mader, no recuerdo las palabras, solo la emoción que sentí
al escucharlo. He buscado en YouTube esa escena sin éxito. A lo mejor no era
tan impresionante como para que alguien la hubiera guardado. Me vino a la memoria
por lo que sentí al escuchar la última parte de La confusión de sentimientos.
Los canales de la memoria son muy particulares, las carpetas se abren por similitud
o antonimia o por una melodía o un aroma o un conjunto de palabras que crean un
mundo, otro mundo.


No hay comentarios:
Publicar un comentario