Foto de Esra Betül Yatkaya: https://www.pexels.com
− Quiérame de lejos.
Eso era, darle aire a alguna clase
de afecto sobreviviente al tiempo y a las circunstancias. Sonaba sugerente y
creativo. Se trataba de buscar el título de una serie de muchos o pocos
capítulos, según el rating y la satisfacción consiguiente de los auspiciadores.
De acuerdo con los estudios de focus group, debía incorporar un montón de temas:
el destino, la distancia, el sometimiento del deseo por el deber, esos − sí
quiero, pero no puedo −, con tirones de la culpa por un lado y de lo que fuera
por el otro. Hasta podría llevar elementos sobrenaturales como coincidencias
extrañas, recuerdos de otras vidas, mensajes de muertos y por supuesto protagonizada
por personajes neuróticos, complejos, con capacidad de argumentación para
cualquier giro que la historia tomara y la habilidad suficiente para mantener firme
una cuerda de equilibrio en la altura de un trapecio de circo. Fija, inmóvil y
a prueba de caídas.
Para dar un toque moderno al estilo de narración de la historia, debía ir al pasado y al presente para mantener la atención del público e ir acorde con la tendencia de mostrar la equipotencialidad de una escena.
− Quiérame de lejos
Sonaba al verso de una canción o de varias canciones. Es probable que fuera un bolero, de esos muy antiguos, uno que diría − no necesito fotos para recordarte, ni canciones porque en la nada que somos estás siempre por ahí −. ¿O era una frase de Cortázar? – se parece a una al menos “tengo tu foto; no para acordarme de ti cuando la miro, sino para mirarla cuando me acuerdo de ti”, pero no es lo mismo. Tal vez sea una advertencia de vitrina de antigüedades – mire, pero no toque – porque los objetos son frágiles o ya están rotos y pueden volver a quebrarse.
− Quiérame de lejos.
Parecía el título de un pacto que trataba de devolver las ideas y afectos al momento previo al desastre. No habría besos que extrañar y sobrevendría la calma de un invierno tormentoso a borrar todo vestigio o la de un verano impasible lleno de incendios que eliminaría las huellas de caminos que no se recorrieron.
− Quiérame de lejos
Y así se asegura la civilización, la
tranquilidad y el bienestar. A veces, las más de las veces, es más que
suficiente.
− Nada nuevo bajo el sol
No estaba mal tampoco, pero el equipo de marketing opinaba que era poco vendedor. Implicaba una situación estática no por falta de movimiento sino por la distancia con que se observa un fenómeno, desde muy lejos las cosas son fijas, desde muy cerca es demasiada la velocidad y la sucesión de hechos que pueden o no relacionarse entre sí, aunque lo más probable es que sí. En todo caso, era muy enredado meterse en esos pastizales, mejor quedarse con el título previo.
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