domingo, 9 de noviembre de 2025

Un súper cuento de Cristina Peri Rossi : Punto Final

 

Foto de Aleksandar Pasaric: https://www.pexels.com/es-es/foto/rostro-de-mujer-3355925/

Cuando nos conocimos, ella me dijo: «Te doy el punto final. Es un punto muy valioso, no lo pierdas. Consérvalo, para usarlo en el momento oportuno. Es lo mejor que puedo darte y lo hago porque me mereces confianza. Espero que no me defraudes». Durante mucho tiempo, tuve el punto final en el bolsillo. Mezclado con las monedas, las briznas de tabaco y los fósforos, se ensuciaba un poco; además, éramos tan felices que pensé que nunca habría de usarlo. Entonces compré un estuche seguro y allí lo guardé. Los días transcurrían venturosos, al abrigo de la desilusión y del tedio. Por la mañana nos despertábamos alegres, dichosos de estar juntos; cada jornada se abría como un vasto mundo desconocido, lleno de sorpresas a descubrir. Las cosas familiares dejaron de serlo, recobraron la perdida frescura, y otras, como los parques y los lagos, se volvieron acogedoras, maternales. Recorríamos las calles observando cosas que los demás no veían y los aromas, los colores, las luces, el tiempo y el espacio eran más intensos. Nuestra percepción se había agudizado, como bajo los efectos de una poderosa droga. Pero no estábamos ebrios, sino sutiles y serenos, dotados de una rara capacidad para armonizar con el mundo. Teníamos con nuestros sentidos una singular melodía que respetaba el orden del exterior, sin sujetarse a él.

Con la felicidad, olvidé el estuche, o lo perdí, inadvertidamente. No puedo saberlo. Ahora que la dicha terminó, no encuentro el punto final por ningún lado. Esto crea conflictos y rencores suplementarios. «¿Dónde lo guardaste? -me pregunta ella, indignada-. ¿Qué esperas para usarlo? No demores más, de lo contrario, todo lo anterior perderá belleza y sentido.» Busco en los armarios, en los abrigos, en los cajones, en el forro de los sillones, debajo de la mesa y de la cama. Pero el punto no está; tampoco el estuche. Mi búsqueda se ha vuelto tensa, obsesiva. Es posible que lo haya extraviado en alguno de nuestros momentos felices. No está en la sala, ni en el dormitorio, ni en la chimenea. ¿El gato se lo habrá comido?

Su ausencia aumenta nuestra desdicha de manera dolorosa. En tanto el punto no aparezca, estamos encadenados el uno al otro, y esos eslabones están hechos de rencor, apatía, vergüenza y odio. Debemos conformarnos con seguir así, desechando la posibilidad de una nueva vida. Nuestras noches son penosas, compartiendo la misma habitación, donde el resquemor tiene la estatura de una pared y asfixia, como un vapor malsano. Tiñe los muebles, los armarios, los libros dispersos por el suelo. Discutimos por cualquier cosa, aunque los dos sabemos que, en el fondo, se trata de la desaparición del punto, de la cual ella me responsabiliza. Creo que a veces sospecha que en realidad lo tengo, escondido, para vengarme de ella. «No debí confiar en ti -se reprocha-. Debí imaginar que me traicionarías.»

Era un estuche de plata, largo, de los que antiguamente se usaban para guardar rapé. Lo compré en un mercado de artículos viejos. Me pareció el lugar más adecuado para guardarlo. El punto estaba allí, redondo, minúsculo, bien acomodado. Pero pasaron tantos años. Es posible que se extraviara durante una mudanza, o quizás alguien lo robó, pensando que era valioso.

Luego de buscarlo en vano casi todo el día, me voy de casa, para no encontrar su mirada de reproche, su voz de odio. Toda nuestra felicidad anterior ha desaparecido, y sería inútil pensar que volverá. Pero tampoco podemos separarnos. Ese punto huidizo nos liga, nos ata, nos llena de rencor y de fastidio, va devorando uno a uno los días anteriores, los que fueron hermosos.

Sólo espero que en algún momento aparezca, por azar, extraviado en un bolsillo, confundido con otros objetos. Entonces será un gordo, enlutado, sucio y polvoriento punto final, a destiempo, como el que colocan los escritores noveles.

Cristina Peri Rossi

XCC: Tanto que se dice con tan poco texto. Brillante. Habré de buscar más textos de ella, vi algunos poemas por ahí y son tan contundentes como este cuento que cumple con la idea de Cortázar, dejar al lector con un knock out, como preguntándose qué fue eso que pasó por su mente y la dejó dando vueltas. Además, por si fuera poco, los títulos de sus libros invitan a leerlos, me tinca mucho "El museo de los esfuerzos inútiles".

Referencia :https://sad.org.ar/punto-final/

jueves, 6 de noviembre de 2025

60

 


Foto de Magda Ehlers: https://www.pexels.com/es-es/foto/60-numero-1339871/

En varios saludos de cumpleaños, cariñosos y llenos de fe, apareció la sugerencia de escribir una novela. Lamento decepcionarlos, pero no se me ocurre una trama que pueda alargar por más que algunas páginas. Creo que algunos cuentos daban para eso, pero hay algo que me apura, algo imaginario e irreal por supuesto, tal como la idea de que me iba a morir a los treinta igual que mi madre. Mitos familiares diría en un lenguaje algo más técnico. Eso imaginario no se ha calmado hasta hoy y no veo la razón para luchar contra esa prisa.

Estoy seleccionando cuentos para un tercer libro. Esa tarea requiere un estado de ánimo particular porque si estoy en un día lleno de voces internas ninguneadoras, los encuentro todos malos. No me pasa que tenga días de autoindulgencia tal que los encuentre todos buenos, pero sí hay días más amables en donde logro tomar más distancia y rescato algunos. He ido despidiéndome de algunas historias poniéndolas por ahí, no sin culpa ecológica porque la nube de archivos inútiles hacen que se gaste más agua para enfriar los enormes servidores en que se alojan ¡aaaagh! Pero el papel es peor ¿o no?

Se supone que los libros de cuento debieran tener una unidad temática y eso tampoco voy a lograrlo. Las historias son una especie de ensalada con distintos colores y sabores, además es difícil tomar tanta distancia como para abstraer las ideas generales, temas comunes o ideas subyacentes de una misma. O será por escamoteo no más. Eso será para quienes se toman en serio eso de ser escritor/a.

A propósito, hace poco, buscando un libro para regalar, me puse a leer las contratapas de novelas contemporáneas, porque una es arriesgada y elige sin recomendaciones de las que abundan en las redes sociales. Lo que encontré es que también las novelas son leídas como si tuvieran un propósito de autoayuda o de desarrollo personal. Una lata encuentro. Dicen que, en tiempo convulsos, como si hubiera habido otra clase de tiempo en la historia, se buscan certezas allá afuera: en un libro, una persona, un gurú y ¡horror! En lo que es peor en un movimiento político o un caudillo. Que lástima que, por más años que pasan, los ciclos se sucedan sin muchas variaciones a pesar del avance científico y el desarrollo tecnológico.

Cada vez que he puesto en palabras, dichas o no, escritas o no, que voy a hacer esto o aquello, resulta no ser así. Por ejemplo: ¡nica saco otro libro! Y ahí voy de nuevo. Lo mismo con eso de ser saludable, ordenada y tanta cosa más. Y ¿para qué? como si todo debiera tener un propósito o moraleja. Será porque sí, como dicen los niños.


viernes, 26 de septiembre de 2025

Audaces


 


−Debí estar allá (¿dónde?)

−Sí, yo también (¿también qué?)

Eran frases para diálogos inexistentes, pero explícitos como el viento, en eso que también es viento, la mente. Recordaba la última vez, cuando le dijo que se iba y ella se quedó sin palabras o eran miles de palabras, tantas que se atropellaban y no sobrevivía ninguna. Después de todo, nada peor que los melodramas de las despedidas. Las palabras no dichas hablan otro idioma, uno que no necesita traductores ni reglas gramaticales. Esos ojos que lo miraban tratando de entender contenían lo mismo que el Aleph, todas las expresiones de lo vivido estaban ahí y también sus contrarias, las escenas y las posibilidades perdidas y ninguna verdad, solo hipótesis y probabilidades.

Cada cierto tiempo esa escena volvía a desplegarse en su conciencia y como sucede a todos los de la especie, solo después, años después, advirtió que había sido de esos hechos definitorios de la vida, como los caminos que se bifurcan de Borges o de los infaltables laberintos con distintas salidas, no para llegar a un mismo punto sino para definir trayectorias nuevas y sin retorno.

El zumbido del teléfono en su bolsillo hizo que Roberto despertase de las ensoñaciones o cambiara de contexto para las mismas. Todo parecía un juego de escenarios cambiantes en donde rondaban las mismas contradicciones, después de todo de eso se trataba, de tomar decisiones o esquivarlas en un mar de incertidumbres e intereses.

Lástima que en el trabajo se hablara en el idioma común, la reunión comenzaría en 10 minutos, debería presentar su informe de gestión semestral y las proyecciones para el año venidero. Al menos la tarea más dura la había hecho los meses anteriores: había convencido a los del comité, con evidencia obtenida de diversas fuentes que, si lograban mantener el estado del negocio tal cual estaba, era un logro extraordinario y que no era el momento de arriesgar, había que, por el contrario, dedicarse a cuidar lo que había y sortear las olas hasta que el escenario estuviera mejor delineado.

Sabía de sobra que saldrían las voces de los audaces, esos que se aprenden de memoria las frases hechas: las crisis son oportunidades; quien no arriesga no cruza el río y hasta aquella de que valiente no es quien no tiene miedo sino el que, teniéndolo, actúa y se lanza. Podía ver las caras y casi escuchar las voces de quienes provendrían tales frases.

Cada cierto tiempo se decía a sí mismo que debió dedicarse a otra cosa, que estaba cansado de esa sensación de estar sorteando olas sin tabla de surf, pero como siempre, imperaba la misma lógica que lo había llevado a estar dentro del equipo directivo de una empresa importante en el rubro, pero no de las más grandes. Sabía, a estas alturas, que era un tipo capaz, pero no se tenía tanta fe como para empezar de cero y a medida que los años pasaban más difícil era moverse del lugar y un mercado que conocía de sobra. Los insumos médicos para hospitales y clínicas siempre son y serán necesarios e incluso insuficientes. Los primeros años en que le correspondió estar a cargo de los equipos de venta, fueron años gloriosos, era cuestión de contar con gente joven, de sonrisa fácil y bonita y por, sobre todo, que hablaran bien. El resto venía casi solo: un buen sistema de incentivos, conversaciones cercanas y el respaldo de un equipo sólido y confiable era suficiente. Sabía elegir a su gente, así los llamaba ¨mi gente”, “mi equipo”, pero el momento histórico también era diferente. Los proveedores europeos eran los número uno en instrumental quirúrgico de acero y, por esas cosas de la vida, como los amigos del colegio, su habilidad para aprender otros idiomas y la capacidad de observación, suponía Roberto, había sido fácil para él conseguir condiciones preferenciales de pago a los proveedores suizos y alemanes, además, en el país se construían tantas clínicas como farmacias, así es que bastaba estar bien informado, a través de los contactos correctos, para obtener buenos resultados. En esos momentos las voces de los audaces eran grito y plata. Hasta él mismo era conocido por su temeridad para abrir mercados en regiones y apostar por contratos a futuro con una convicción absoluta de que los retornos estaban asegurados.

Y así era.

Ahora los audaces lo irritaban, aunque no fueran los mismos de antes, eran más jóvenes y con la vitalidad y la soberbia que lleva la juventud,le resultaban ingenuos y miopes. Cómo no, si todavía no conocían más mundo que el que sus pocos años les permitían, pero que vinieran a enseñarle a tener actitud, le parecía demasiado. Sobre todo, porque todavía no llegaba a la cincuentena y lo trataban como a un señor. El escaso pelo no ayudaba era cierto, se veía mayor.

Todavía podía manejarlos, pero no se veía diez años más en lo mismo y eso mismo se dijo a los treinta y ocho y a los cuarenta y dos y hoy, a los cuarenta y ocho, repetía la secuencia. Con un divorcio a cuestas, dos hijos adolescentes y uno de cuatro años con su nueva pareja no parecía buena idea jugar al valiente y saltar por la borda del único bote que conocía de punta a cabo.

Los chinos llegaron con otra estrategia, insumos clínicos a mejor precio, algunos asociados a la entrega gratuita de equipos carísimos, robots para cirugías por ejemplo, de modo que sus contratos podían durar veinte años o más y si lograban entrar con un robot ya vendrían con más. La competencia con ellos se volvía año a año más difícil, quedaban las clínicas estéticas y los equipos dentales, pero ya estaban golpeando la puerta de ese mercado también. El acero hacía años que estaba alcanzando precios prohibitivos y peor el escenario con la incertidumbre política y económica actuales. Así como escuchaba las voces de los audaces, así también le sonaba la voz de Trump como un zumbido de moscardón, insoportable y cercana a la tortura.

Por supuesto que había debido cambiar de proveedores, viajó a China y se encontró con tal capacidad de trabajo y tecnología que entendía las razones de la rendición de occidente ante tal murallón de producción. Nada que hacer, hacía varios años que vendía insumos médicos chinos y había abandonado el sueño de su padre que quería hacer de su taller metalúrgico una gran fábrica nacional de herramientas tipo Bosch o Knipex. Lo había escuchado tanto sermonear con que había que ser creativo, diseñar y fabricar en el mercado local, que aquello era la única salvación a la situación del país. Casi todas las discusiones pasaban por mencionar a Fantuzzi y su lucha por la industria chilena. Su padre se descontrolaba en ese punto y por lo general terminaba gritando y soltando saliva de tan enfurecido que estaba.

Tantas cosas que se piensan en pocos minutos. Pasó de un recuerdo nostálgico y confuso a su historia laboral y luego, leve como una burbuja, a la relación con su padre, siempre accidentada y tórpida.

Conocía el guion de lo que seguía, ahora que lo pensaba, tal vez su habilidad en un punto determinado del tiempo era la creación anticipada de una sinopsis de lo que vendría. Una vez alguien le dijo en una reunión de trabajo que sus escenarios futuros eran como las imágenes de los que toman ayahuasca, como nunca se había acercado al mundo de las sustancias solo se rio, pero suponía que era cuestión de lógica aplicada, de la selección apropiada de variables. Eso que su padre no supo hacer y por eso su taller no prosperó. Mucha fe ciega y escaso sentido común. Para Roberto las cosas no tenían magia, aunque le hubiera gustado creer en que sí. Hacía poco supo que durante la primera guerra mundial algunos soldados mostraban una luminiscencia en sus heridas y se sanaban, la creencia popular era que los ángeles, con algún criterio desconocido, decidían sanar a algunos. Luego se descubrió que se trataba de una clase de bacterias que contrarrestaban a las infecciosas y emitían esa iridiscencia por una reacción química. Sintió una desilusión ¿no sería bueno que existieran los ángeles o la magia al menos en algunos ámbitos?

Presentó su informe y los audaces lo dejaron terminar sin interrupciones, eso era nuevo o no lo pudo anticipar en su sinopsis, habían preparado una estrategia, suicida para su criterio, pero no para el comité directivo. Tenían, además la estrategia para presentar la estrategia y esta escena del informe semestral era solo el último acto de una obra, cuyo final se había escrito en paralelo a sus buenas noticias de que no habían perdido clientes en la primera mitad del año.

Odió la expresión de satisfacción de los audaces, en especial la de Maite con quien había elaborado los datos y gráficos para esa reunión. La escogió para que tomara decisiones con fundamento y eligiera como él, con base en lo más probable y no sobre las tendencias de puntos y modelos de información.

Se tenía que ir, no era una decisión tomada por él, habían sido los audaces. Lo único digno era la renuncia. Eso le permitía tranquilizar a su conciencia y a la voz de la madre, tan opuesta al padre y tan Juana Segura como el que más.

Cuando se despidió esa tarde, en lugar de bajar al subterráneo de inmediato para irse en auto, decidió caminar unas cuadras y en cada paso se sentía más liviano y vital. Casi ágil. Había sido un día raro. Era febrero y las nubes parecían contener un aguacero que se aguantaba las horas para largarse hasta que Roberto comenzó a sentir los goterones sobre la camisa. El día se puso frío y vivificante. Se miró las manos y juraría que vio una luminiscencia verde en sus palmas.

− Deben ser los ángeles liberadores.

− Te dije que no creía en la magia, pero me alegro de que exista.


lunes, 8 de septiembre de 2025

Erik Vs Manuel

 



Era un viejo desde joven. Lo peor/mejor era que lo disfrutaba. Una vez alguien le dijo que era un excéntrico y ese apellido le gustó. Si hubiera podido elegir se hubiera llamado Erik, así con k, como Satie y entonces su nombre completo hubiera sido Erik Excentrique, pero no, el real, el del registro civil, era Manuel Romero. Se conformaba con que ese arbusto, en su justa medida, olía bien y Manuel hacía honor a tantos personajes, desde el mítico Rodríguez hasta ese que murió en la sierra dejando desolada a Amanda que lo iba a ver a la hora del almuerzo según la canción de Víctor Jara.

La música de Satie le gustaba, pero más, si se puede, su insólita vida, desde esas rutinas imposibles (¿quién almuerza en cuatro minutos? Claro, a lo mejor engullía un huevo hervido y un pedazo de pollo insípido, una cruel combinación sea dicho de paso, y eso era todo). Lo admiraba por su rebeldía, por el atrevimiento de hacer cosas raras y contradictorias.

Sus contradicciones, las propias, eran más bien inocuas, como la defensa a ultranza de la racionalidad y al mismo tiempo la convicción interna de la persistencia de la magia y una serie de rarezas de las que había sido testigo, agente causal y víctima, todo eso en simultáneo. A veces se exprimía el seso solo tratando de desmentir lo que veía, lo que escuchaba y hasta lo que intuía porque ¿qué es la intuición sino una apuesta basada en información interna? Además, lo más probable es que él, como casi todos, solo prestara atención a los aciertos de sus tincadas y no a las muchas ocasiones en que lo que creía que pasaría era desmentido por los acontecimientos. O tal vez no, quizás solo veía lo que era capaz de ver y entonces, aunque la evidencia estuviera frente a él, solo podía confirmar lo que su naturaleza extraña y solitaria le ofrecía como hipótesis.

Se lo pasaba en eso, en divagaciones inútiles, y si bien parecía un tipo común y corriente, porque ese esfuerzo sí había rendido frutos, sabía, con certeza que rayaba en el delirio, que no lograría hacerse entender y tampoco comprender porqué las personas, incluyéndose, se comportaban de un modo determinado.

Parecer normal había sido una tarea sistemática: los niños juegan, entonces jugaba, los jóvenes van a fiestas, se ríen, se burlan, se acicalan, entonces también lo hacía; los adultos hacen algo para independizarse económicamente de los padres y ahí estaba, trabajaba en algo bien visto y con un ingreso más que suficiente para sus necesidades de acuerdo con el estrato social en el que el azar hizo que naciera.

Si hubiera seguido siendo fiel a su modelo original, Erik Excentrique, se vestiría parecido a un caballero de la época del músico: traje oscuro, camisa blanca, corbata, sombrero, tal vez un bastón en lugar de paraguas y como accesorios un reloj de bolsillo y una pipa que solo usaría de adorno, porque nunca le había gustado fumar. Sin embargo, la rareza se paga cara en la vida y, tal como la mayoría, prefirió, disfrazarse de ciudadano de a pie, ese que representa a todos y a nadie. El sueño de cualquier candidato.

La observación que le permitía registrar gestos cual cámara de video de alta precisión se potenciaba con una memoria obsesiva de palabras y acciones, todo muy útil hasta que se encontraba con ella. En esos momentos era un completo mamarracho de ideas y confusión, no se le ocurría nada que decir, cuando por lo general era un avezado conversador de temas intrascendentes, pretendía naturalidad y la torpeza lo delataba; quería pasear la mirada y se quedaba fijo en los ojos de ella, no quería tocarla por ese temor irracional a la entrega de información a través del contacto con la piel, pero de algún modo el tacto se las arreglaba para hacerse presente en un apretón de manos, en el saludo o lo que fuera.

Tampoco es que se hubiera creído inmune a las emociones, pero era tanto más cómodo no sentir tanto y moverse en un rango estrecho y predecible de sensaciones. La biología es de mal gusto a veces. Satie se reveló contra tanta pasión, no le gustaba el alarde de drama de Wagner o de Mahler y prefirió no perseverar en los sentimientos como le ocurrió con Suzanne Valadon luego de ser abandonado por ella (Suzanne diría otra cosa, por cierto).

En todo caso, Satie era raro, un genio y raro. Tal vez ambas condiciones sean inseparables. Los genios, así como los campeones deportivos, cuentan con el permiso social para ser raros, pero alguien, un ciudadano de a pie, no. Lo peor para el músico era que su obra más conocida y aceptada habían sido las gimnopedias, compuestas en su juventud, y las posteriores eran apenas valoradas. Sería una mala noticia para él si supiera que sigue siendo así en el público general. Parece que se puede ser raro, pero no tanto.

A veces Manuel Romero sentía que podía afirmar, sin ningún temor a equivocarse, que Satie debía saber qué pasó con su música después de que murió, del terremoto que provocó, pero no tenía pruebas más que para sí mismo así es que era un secreto inconfesable. Y si alguna vez lo había dicho, de seguro fue a alguien incrédulo que lo tomaría como un chiste, en especial viniendo de Manuel.

Pasaban los días y el tiempo, y al revés de las películas de Christopher Nolan, los objetos, la sangre, el sueño y sus componentes volvían a su lugar, en orden y secuencias lógicas. Sin sorpresas ni sobresaltos. De seguro, más pronto de lo que se pudiera creer, Manuel Romero volvía a lucir como Erik Satie, un caballero que camina erguido y tiene una rutina de lo más decente sin que otros pudieran advertir lo loco que podía ser.


sábado, 16 de agosto de 2025

Guatemala para los amigos





 Por acá llovió de manera intermitente durante el día, así es que no me perdí la lluvia después de todo. La temperatura es agradable para apreciar la atmósfera de la ciudad de Guatemala. Hoy es sábado en la mañana y estamos en Antigua. Llegamos anoche luego de un día completo de atenciones de los anfitriones. Compartir con ellos merece una crónica aparte que luego haré.

Antigua es una ciudad declarada Patrimonio de la Humanidad y con toda razón, conserva la arquitectura colonial y tiene normas claras y estrictas para su cuidado. Cada construcción y reparación sigue lineamientos destinados a la conservación del patrimonio. 

Fuimos a recorrer un poco en la noche y luego a cenar. Todos los restaurantes, cafeterías y comercio en general tienen una estética que encanta. Lo más usual es que tras una entrada poco llamativa una se encuentra,  más al interior, con un diseño y decoración sorprendentes: jardines, fuentes, objetos de decoración muy originales, a veces coloridos y otras más bien minimalistas. Las fotos corresponden al restaurante en el que cenamos y que antes había sido un monasterio franciscano.

Como una no puede dejar de ser quien es, tal como en el cuento de la rana y el escorpión, al acercarme a una fuente para fotografiarla, metí de lleno el pie al agua en una canaleta. Ni siquiera me sorprendí de tan acostumbrada que estoy a este tipo de cosas y total ahora tengo la excusa de que estoy más vieja y más torpe. 

Luego de una noche de sueño muy reparador y necesario, procedo entonces a levantarme porque debo secar las zapatillas antes de salir a recorrer, por segunda vez en la vida está ciudad.

 II Antigua, Chichicastenango y Panajachel









Han sido unos días muy intensos. Era esperable en ciudades con mucho por ver y artesanías para admirar y comprar. Por lo visto no hay algo parecido a baja temporada en Guatemala y, dado lo que tienen para mostrar, podría convertirse en un destino turístico mucho más popular aún. El tráfico es bastante caótico y requiere destrezas que al parecer solo los locales han desarrollado.

La comida es abundante en tortillas de maíz y suelen estar incluidas como acompañamiento de sopas y guisos. Hemos probado verduras que no están en Chile como loroco, pariente lejano en sabor de los espárragos; perulero, güisquil una salsa para aderezo que se llama pepitoria. En la plaza de Antigua probamos unos mangos con limón y ese aderezo. Me encantaron. 

La michelada de acá es muy rica también, el agregado de jugo de tomates le da un sabor muy agradable. Una gran sorpresa fue el quiche de tomates, riquísimo, muy suave y liviano. 

Me estoy quedando dormida y soy incapaz de transmitir algo más. Buenas noches. 

III San Juan, San Pedro de la laguna y Santiago










El lago Atitlán tiene varios pueblos a su alrededor, en mi opinión San Juan es el más lindo de todos por sus calles adornadas y el colorido de sus murales, además, concentra a un montón de artistas y artesanos locales que pintan, trabajan con telares fibra de algodónmadera y cerámica traídas de otros sectores. Existen varias cooperativas de artistas, entonces el esfuerzo de crear y trabajar en diferentes rubros les permite seguir mejorando la técnica, los diseños, las estrategias comerciales, disponibilidad de productos. Van innovando en los productos y mantienen al mismo tiempo la identidad local.

La creatividad y empeño por hacer de cada pueblito algo especial se aprecia desde que una baja de la lancha frente a cada muelle y avanza por la calle principal, por lo general llena de locales de artesaníascafeterías y restaurantes. Las técnicas de ventas de los locales son claras: insistencia, amabilidad, valoración de lo local y hecho a mano y por sobre todo, el regateo de precios. La variación de precios es impresionante.

Yo no sabía que había más de 20 lenguas mayas. No se entienden entre sí si son de diferentes localidades y etnias. El español entonces, para muchos, es su segundo idioma y no es tan fácil entenderse. La amabilidad es tal vez el mínimo común denominador de las personas de por aquí.

La belleza de los paisajes se acentúa con sus habitantes, de eso no cabe duda. 

IV Maximon, la fe y la devoción








 En Santiago, uno de los pueblos alrededor del lago Atitlán, fuimos a ver a una figura qué dicen contiene el cuerpo de  Maximon dentro de ella. Se trata del dios maya creado por los poderes de la tierra. En todas partes y en especial en Chichicastenango, (de lo que conocemos) se puede apreciar el sincretismo de la fe católica y la religión maya. Fuera y dentro de las iglesias se encuentran personas ataviadas con los trajes tradicionales que oran a dios, en forma de Maximon, de algún santo o representación de Cristo, por lo general en alguna lengua maya. Las ceremonias incluyen la quema de hierbas, incienso maya y velas que despiden mucho humo, pero con buen aroma. Esas ceremonias también las vimos en el colorido cementerio de Chichicastenango y supongo que algo parecido en las pirámides de Tikal.

La fe católica se lleva el protagonismo en Antigua, en donde abundan conventos, iglesias, catedral y monasterios. La forma en que están ataviadas las figuras religiosas revela el nivel de devoción que existe en torno a ellas. Vimos en las ruinas del convento de las Capuchinas algunos videos de la semana santa y la estética es arte vivo al aire libre.

En San Pedro un guía muy sui generis nos llevó a la casa encargada este año de custodiar y adorar a Maximon. La verdad es que no logré convertirme a esa religión con tanto cigarro y aguardiente.
Las ruinas religiosas se han convertido en patrimonio y afortunadamente están siendo bien cuidados en la actualidad. El terremoto de 1773 dejó las construcciones religiosas de la colonia en ruinas. De algún modo, puede ser la luz, el clima y el poder embellecedor de la mirada de turista, las  ruinas se ven hermosas desde todos los ángulos.

 V Semuc Champey: maravilla, show y nuevas tendencias








Paisajes iguales a las fotos y videos publicitarios de viajes son algo raro de encontrar. Y esa rareza nos pasó. Ayer hubo un día de sol cuando se necesitó y de lluvia inesperada para vivir el clima tropical en toda su dimensión.

Subimos un mirador de 700 mt que no parece mucho, pero se vive como una hazaña. Muchos escalones en una escalera bastante perpendicular. Por supuesto que la vista al final vale el esfuerzo y el sudor. 
Ayer fue el día de mi actuación espectacular. Al llegar de la bajada del mirador fuimos de inmediato al agua y me sobreestimé en mis capacidades de resistencia. Ya casi nada me sorprende de mí misma, pero estar a punto de desmayarme en el agua no me había tocado. Tremendo show para mis compañeros de viaje, que tuvieron que ayudarme a salir, y los otros visitantes del lugar. No pasó nada, pero quedé tiritona por un buen rato. Aquí puede insertar el emoji que mira hacia arriba con expresión de par favaaar. 
Eso no fue todo, por tanto sudor y lluvia, toda mi ropa estaba mojada y a la vuelta al hotel con una toalla en la cintura y una chaqueta arriba estaba con una apariencia envidiable.
Ninguna de mis torpezas opacó la experiencia de Semuc Champey. Maravilloso lugar.
A la vuelta tuvimos otro golpe de suerte, vimos una fiesta religiosa: la danza del venado que corresponde a la primera foto de este post.

VI Las personas y la belleza










Me atrevo a afirmar que un viaje es placentero o deja un recuerdo agradable solo si las personas que acompañan la experiencia están en la misma frecuencia de disfrute y flexibilidad frente a las vicisitudes. Se requiere de una elevada cuota de generosidad para compartir espacios, gustos y recursos; adaptación a los diferentes hábitos y necesidades y un sinfín de minucias que cada uno aporta.

Si de generosidad se trata, nuestros anfitriones batieron un récord, cientos de kilómetros recorridos juntos, ajuste de calendario y horarios y mucho más. Las risas, las gratas conversaciones y una particular habilidad para hacer sentir que se es bienvenida es algo muy raro de vivir. Me lo explico por el amor que sostiene la amistad de años y la cercanía afectiva a pesar de la distancia física habitual.

No me olvidaré de la banda sonora: Marco Antonio Solís con dos canciones Más que tu amigo[1] (en el tuc tuc) y Si no te hubieras ido[2]Leo Dan y sus clásicos en el auto y la piscina de Hunnalyé[3] y por supuesto La gata bajo la lluvia de Rocío Durcal[4] y esa imagen de migajera patética de felina venida a menos estilando de agua y tiritando de frío ¡Imposible no reírse!

Además de los anfitriones y sus virtudes, la amabilidad y paciencia de la gente de Guatemala como actitud general de vida: explican diez veces si es necesario el servicio o producto que ofrecen, de qué y cómo está hecha la comida, las direcciones y mucho más, hacen que el paisaje sea mucho más que un lugar. Es un lugar habitado por personas que eligen la amabilidad a pesar de cargar con muchos dolores de su historia y de su presente.

Después de estar en la naturaleza selvática de CobanSemuc-Champey y Hunnalyé, volvimos a la capital y nos dimos una vuelta por el palacio presidencial, el centro cívico, el mercado y un espectacular mapa en relieve y a escala de toda Guatemala que nos permitió dimensionar lo recorrido en esos días. Una idea espectacular ese mapa, para los ñurdos que se pierden hasta en su barrio como yo, este mapa es de una ayuda enorme para ubicarse y entender las diferencias geográficas, climáticas y económicas de las zonas de Guatemala.

Nota aparte son las artesanías, ningún presupuesto ni maleta aguantarían todo lo que a una le dan ganas de traer. Que belleza de colores en los textilescerámicaspinturasropa bordadafiguras de madera esmaltadajoyas de jade y otras piedras. Y el café, el chocolate, el ron, los dulces típicos y la michelada.

Fue un bello viaje con bellas personas.

¡Me declaro fan de Guatemala de manera irrestricta!

Nota al final: el último chascarro tuvo lugar en el avión de vuelta, fue una cosa poca, di vuelta un vaso de agua a mi vecina de asiento. La señora era amable y no se enojó así es que dentro de lo que mi naturaleza me permite, hice todo lo posible por conversar y ser cordial con ella. La rana y el escorpión no me abandonan.



[1] Marco Antonio Solís: Más que tu amigo https://youtu.be/rMFH76ZtlBs?si=jr31xOsow_m6SYp1

 

[2] Marco Antonio Solís: Si no te hubieras ido https://youtu.be/tOVHj4zuRTU?si=jfIuQ2LRa4oDsGVD

 

[4] Rocío Durcal: La gata bajo la lluvia https://youtu.be/PrtdHVvOiXc?si=tpYA-SUPSDheZPTK

 


Saludos

  Terminé de seleccionar los cuentos para un tercer libro ¿para qué? sigo sin razones, más bien me valgo de una pregunta de las que circulan...