Un potpourri.
Así se va a llamar
mejor. Representa mejor lo que es este blog y la vida en general, una especie
de tapiz como el que aparecía en Servidumbre Humana de S. Maugham, que intrigó
tanto a Philip Carey y que era eso: un tapiz.
A propósito de Maugham encontré en
el libro de Murakami, De qué hablo cuando hablo de escribir, una referencia a
él y una historia entretenida. Me gustó saber que uno de mis autores favoritos
ha leído a otro de mi grupo de ídolos. Al fin leí ese libro, debí leerlo antes,
mucho antes, pero así es la historia: a saltos y en desorden. Me gustó saber de
su propia pluma su experiencia como escritor y el compromiso que tiene con lo
que considera correcto en ese ámbito. Incluso cuando se reconoce como un tipo
con suerte.
También pude leer la Trilogía de
Nueva York de Paul Auster, al principio me pareció duro, pero la tercera
historia unía todo sin obviedades y mostrando, a propósito, o no, las luces y
creo que más las sombras del autor. Me quedé con la necesidad de leerlo de
nuevo, pero ante tantas lecturas pendientes, tomé otro libro que tenía en el velador
Mi vida robada de Carla Guelfenbein, me gustó la forma de escribir de la autora,
insinúa más que describe situaciones y emociones que podrían haber sido muy
dramáticas. Se me hizo cortísimo. Tanto que me quedó tiempo de agarrar otro, El
tercer amor de Hiromi Kawakami, la autora que escribe suavecito como una brisa
y que trata temáticas muy difíciles como quien cuenta una historia cotidiana.
Este me ha resultado más árido tal vez por las condiciones de lectura: tiempo y
lugar en especial.
Antes de esos libros leí Dignos, una
crónica del estallido social de Pablo Ortúzar y quedé impactada por la cantidad
de acontecimientos, explicaciones para los mismos desde diferentes ángulos, la
andanada de información y seudo información y por supuesto la necesidad de dar
forma a una cadena de sucesos que hasta hoy parece una tormenta demasiado
cercana como para saber qué rumbo tomará. Me vi a mi misma emitiendo juicios y
sumándome a actos que luego me parecieron conducidos hacia una forma de
chantaje social más que otra cosa. Es obvio, pero después de leer esa crónica
me quedaron muchas más preguntas y esa sensación tan en boga de que cada vez se
vuelve más difícil la tarea de consensuar un mínimo de reglas de buena
convivencia tendientes al bien común.
Un potpourri.




